Yamila Carras, miembro de Guía Egreso de la Asociación Doncel

“Lo esencial es aprender a rebuscárselas sin pretextos”

Ella pasó por un hogar con serios problemas familiares, encontró la forma de encauzar su vida, terminó la escuela, construyó una vivienda para sus hijos y va por más sueños. Ser trabajadora social, y tener su propio restorán.

En Argentina, alrededor de 15 mil chicos y chicas viven separados de sus familias privados de cuidados parentales. Las razones son haber sufrido maltratos de diferentes tipo en sus casas, motivo por el cual la Justicia decidió que residan en instituciones de cuidado y no por infracciones a la ley penal. La mitad de ellos tiene entre 13 y 17 años, y reside en la provincia de Buenos Aires.

Los hogares de protección del Estado les garantizan cuestiones básicas como un techo, alimento, salud y educación. Según Unicef, hay 714 en todo el país. La ley de Egreso Asistido espera su reglamentación para subsanar el vacío cuando los jóvenes llegan a la mayoría de edad y dejan de estar protegidos. Yamila Carras es una joven egresada de hogares, integrante de la “Guía Egreso”, un programa de la asociación Doncel.  Al tener su segundo hijo a los 17 años, su madre decidió que su destino era un hogar asistencial. “Mi mamá lo único que hizo fue deshacerse de mí, me entregó al servicio social”, se sinceró la chica que destina todas sus fuerzas a cuidar a sus tres hijos tras superar años de conflictos.

Hay un costado de la vida en este tipo de lugares de asistencia que no está contemplado y que los jóvenes que residen allí reclaman: la contención. La asociación ocupa un lugar de apoyo y referencia para los chicos que intentan reencontrar el rumbo de sus estudios, de su trabajo, de su futuro. “Tenemos techo y comida lo que es muy importante, pero nos falta la parte social, cómo relacionarnos e incluirnos con los demás. Porque en el hogar nos sentimos como excluidos”, explicó Yamila quien desea que su experiencia guíe a los demás.JUS_9737

 -¿Cómo llegaste al hogar y por qué te sentís excluida?

-Ya que te excluyan de tu propia familia… (piensa) Vengo de una familia conflictiva. Vivíamos con mamá, papá y 9 hermanos en una casa muy apretados en El Palomar, provincia de Buenos Aires. Había todo tipo de abusos, sexuales y de maltrato verbal. Por eso, la Justicia me prohibió ir a la casa de mis viejos. Y eso es el principio, porque la historia de mi familia es más larga, ya que ni sé a dónde fueron a parar tres de mis sobrinos. Por mi parte, yo no tenía donde vivir, ni trabajo, ni estudio y nada estable para estar con mis hijas. Tomaron la decisión de llevarme a un hogar. Mi mamá me cedió a mí y a mis hijas, y la Justicia decidió que vaya al Hogar “Padre Moledo” de Parque Patricios. La convivencia no es fácil, 13 chicas y 20 hijos viviendo en el mismo lugar. Estuve tres meses y me fui, pero volví.

-¿Cómo es vivir allí?

-Por un lado, vivirlo de adentro es diferente a verlo de afuera. No es tan oscuro como se cuenta, ni tampoco es como lo pintan en la novela “Chiquititas”, no es “Rincón de Luz”. Tiene que ver mucho con uno mismo y como entres. Cuando estás vulnerable ves todo terrorífico. En cuanto a lo comestible, para bañarme o salir y comprarse cosas, estaba bien. Pero, no hay una contención “guiada”. Yo creo que algunos no están preparados para ese trabajo, como hace una mamá y un papá para guiarte en tu vida. Entonces, un día empecé a hablar con los chicos de la Asociación Doncel a través de un curso que daban ahí. Y con el tiempo, cada cosa que me pasaba en el hogar lo hablaba con ellos y me contaban qué derechos tenía y cómo hacerme respetar.

 -¿Qué enseñanza y apoyo te dieron los “referentes”?

-Lo primero que me enseñaron fue a trabajar en grupo, a escucharnos, a soltarse, y a aprender trabajos nuevos. A rebuscársela sin pretextos. Si sabes tejer, podes hacer bufandas para vender. O si sabes cocinar empanadas, lo mismo. JUS_9751

Primer trabajo

En cuanto al tema laboral, mi primer trabajo fue en una pasantía en recursos humanos. Y me tuve que adaptar a las formalidades de la empresa donde trabajaba. Doncel me enseñó que tenía que ponerme zapatos y vestido, y no ir de jean y zapatillas.

Escuela

Por otro lado, por Doncel, pude terminar la escuela. Se lo dedico a mi hija Julieta, que por decisión de la Justicia no vive conmigo. Viví en muchos lugares turnándome de una casa a otra, todos lugares prestados y no encontraba estabilidad para mis hijas. Por eso, la familia del padre pidió la tenencia y hoy vive con el padre. Si la ley se hubiera aprobado años antes, todo hubiera sido todo distinto. Y no hubiese estado tan sola. Las cosas pasaron así porque tenían que pasar pero siempre rescato eso. Y a ella la veo los fines de semana.

-¿Quiénes te ayudaron en la crianza de tus hijos?

-Desde la Justicia, la idea siempre fue que vuelva a mi casa o revincular a los chicos con la familia. Pero en mi caso, era imposible, porque me sacaron de un lugar de abuso y violencia. Igualmente, tenía que tener un lugar a donde ir a pasar el fin de semana, y a veces iba a la casa de mi mamá. Aunque no dormía ahí, buscaba otro lugar para pasar la noche con amigas o familiares.

-¿Qué le dirías a quien esté en la misma?

-Hay que aprovechar al máximo el techo y la comida, así como los cursos y capacitaciones que te dan. Si hubiera estado afuera del hogar con las nenas, no hubiera terminado la escuela. Hay que tomarlo como una herramienta, y no como un castigo. Al principio me fui dolida, frustrada y decepcionada. Pero cuando volví, a través de la ONG ya conocía mis derechos y confrontaba con las autoridades, por ejemplo, para que nos den más de un pañal por día para nuestros hijos, o que no falte leche. La idea es estar ahí como si fuese tu casa con una mamá y papá, y prepararte para poder salir cuando seas más adulto.

La relación con sus padres y el futuro

“Es como si no estuvieran. No puedo ni pedirles que me cuiden a las nenas, no puedo, ni quiero. A veces no tenes opciones con quien contar, más si no tenes papás. Igual los veo cada tanto. Yo hago malabares para venir al Taller de Herramientas para la tecnología que doy en la Fundación UOCRA”, dice.

“En diciembre me compré mi casa y todavía no lo puedo creer. No estoy preparada para recibir ciertas cosas, tenía la autoestima muy baja, y es muy fuerte ver lo que logré gracias al esfuerzo y la superación”.

En tanto, va por más, ya que espera poder terminar una carrera. Le gustan Trabajo Social o la gastronomía. “Me gustaría tener mi cafetería, me encantaría, el año pasado era la casa y lo cumplí. Y ahora vamos por el restaurante. Fue un milagro y una sorpresa gigante”, contó y agregó que “la idea con el trabajo social es llevar la iniciativa a las provincias donde está muy parado el tema porque no tienen herramientas o tienen la autoestima baja”.