Las sentencias poco comunes de un juez de menores español

Mejorar como padres, asistir a clases, aprender a leer o visitar un hospital por conducir alcoholizado, son algunas de las ideas del magistrado. A un chico que robó una peluquería lo condenó a estudiar estilismo.

“Para hacer los deberes, son niños, pero para salir solos son adultos”, es una de las frases que sobreasalen en el blog de Emilio Catalayud, el controvertido juez de Granada, que otorga castigos que resultan beneficiosos para los acusados y los ayudan a reinsertarse socialmente.

Las resoluciones del juez de Menores, ejemplar para muchos y poco ortodoxo para otros, se caracterizan por no dejar indiferente a nadie. Es en esa línea que Catalayud dicta sus fallos: mejorar como padres, asistir a clases, aprender a leer o visitar un hospital por conducir alcoholizado, son algunas de las ideas del magistrado.

Su última condena fue para un menor que robó en una peluquería (600 euros y un secador de pelo), delito por el que fue condenado a concurrir a un curso de estilista de nueve meses y, al finalizarlo, realizarle un corte de pelo al mismo juez que pensó su pena.

Cuando se enteró de que el condenado quería ser peluquero, Catalayud le dio una vuelta de tuerca a la pena de trabajo comunitario que exigía el fiscal. “Pediré al chaval que me haga un ‘pelao’ clásico: ni hablar de una cresta estilo futbolista millonario o ‘choricillo’. ¡Hasta ahí podíamos llegar!”, bromea el juez en su página web.

“Pediré al chaval que me haga un ‘pelao’ clásico: ni hablar de una cresta estilo futbolista millonario o ‘choricillo’. ¡Hasta ahí podíamos llegar!”, bromea el juez en su página web

El objetivo de estas sentencias, según el magistrado, es que el imputado no sólo pague por el hecho sino que además tenga la posibilidad de ver las consecuencias de sus actos.

En otro caso, que se incluye en el libro que escribió con el periodista Carlos Morán (Mis sentencias ejemplares), Catalayud condenó a un conductor ebrio a visitar a personas parapléjicas y adentrarse en sus historias. Además, sentenció a un joven aficionado al comic a relatar en ese formato los motivos de su arresto.

Por su juzgado también pasó un adolescente de 16 años que conducía sin licencia por la ciudad de Darro (Granada), quien debió cumplir su condena dentro de un patrullero acompañando en sus labores cotidianas a los oficiales de tránsito durante 100 horas. Algo similar vivió un joven acusado de quemar tachos en la vía pública: trabajó varios días para el cuerpo de bomberos, por decisión del juez.

En 2014, un hacker fue condenado por Calatayud a dictar 100 horas de clases de computación en un centro escolar. El joven había vulnerado el sistema informático de una empresa.

Casi 17 mil menores fueron juzgados hasta el momento por Emilio Catalayud. Sin embargo, el magistrado afirma con seguridad que, si bien “habían cometido delitos, en su mayoría no eran delincuentes”.

Muchos de estos jóvenes, explica el juez en su blog, no han vuelto a delinquir sino que trabajan y tienen una familia. “He visto de todo: crueldad, inocencia, disparates… Y muchas veces he sentido pena. Pero sobre todo me he reído mucho con mis ‘choricillos’. Ellos no tanto, claro. Así es imposible que me entren ganas de jubilarme”.

Casi 17 mil menores fueron juzgados, hasta el momento, por Catalayud. Sin embargo, el magistrado afirma con seguridad que, si bien “habían cometido delitos, en su mayoría no eraN delincuentes”