Especialista en investigación criminal y manejo de la escena del crimen, Torales afirma que la Argentina está “muy bien” a nivel forense. “Lo que se ve en series como CSI, es lo que tenemos”, asegura.

La disciplina técnica que se dedica exclusivamente a la dactiloscopía (huellas de los dedos), palmatoscopia (palmas de las manos) y pelmatoscopía (plantas de los pies) es la papiloscopía. En general se suele tener conocimiento de lo que son las huellas dactilares porque se usan para identificación en el DNI o el pasaporte, pero la verdad es que la papiloscopía abarca muchos otros aspectos y sirve no solo para identificar personas, sino también para resolver crímenes.

Eloy Torales, perito en papiloscopía, especializado en Criminalística, Criminología, investigación criminal y manejo y gestión de la escena del crimen, es además capacitador del Programa Nacional de Criminalística del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Es docente y una referencia ineludible sobre el tema. Por eso aclara: “Las impresiones digitales empiezan a formarse en el tercer mes de vida intrauterina. O sea, el recién nacido ya tiene el diseño dactiloscópico. Y es único, irrepetible e inmodificable. Uno tiene las mismas huellas dactilares desde que nace hasta que muere”.

DSC_0021—¿Cuál es el primer registro de identidad que se toma a una persona cuando nace?

—Se utiliza la pelmatoscopía: la huella del pie del bebé. Se hace después del corte del cordón umbilical. Es el primer registro, una identidad antropométrica, que da una identidad única. Se le agrega a eso los pulgares de la madre, para que haya una relación entre ambos. Es de la única manera que podemos identificar fehacientemente a una persona: teniendo los datos del bebé apenas nació y los de la madre, ahí mismo. No siempre se hace.

—Pero el sistema que más se usa es el dactiloscópico, el de Juan Vucetich…

—Sí. Ojo que Vucetich no lo inventó, sino que sistematizó la dactiloscopía, que ya se venía investigando hacía muchísimos años. Hay jarrones de culturas chinas que tienen impresiones digitales, porque esa era la forma que tenían los artistas chinos de dejar “el alma” en su obra. Estamos hablando de 600 años antes de la era cristiana.

—¿Por qué fue tan revolucionario ese método de identificación en la Criminalística?

—Porque antes, ¿cómo se identificaba al delincuente? Lo marcaban con hierro, le cortaban una mano o una oreja, de acuerdo al delito. Eran prácticas cruentas que no facilitaban la rehabilitación. Los nuevos sistemas de identificación de personas fueron un avance para terminar con esas prácticas. Vucetich puso la llave en el auto para que arrancara. A partir de ahí se generó el sistema dactiloscópico argentino. En 1892 ocurrió el doble homicidio de dos chicos de Necochea, el famoso caso de Francisca Rojas. Fue el primero en el que se descubrió la identidad del autor de un delito gracias a las huellas dactilares.

DSC_0010—¿Cuáles son los delitos que habitualmente se resuelven con la papiloscopía, en cuestión criminalística?

—Después del fotógrafo, el primero que tiene que entrar al lugar del hecho es el perito de rastros, que pone en práctica la dactiloscopía. Lo que se trata de buscar ahí es identidad, quién cometió el delito. Robos, hurtos, asesinatos, en todo actúa la dactiloscopía.

—¿Hay otras maneras de identificación de personas?

—La dactiloscopía y, ahora, el ADN. Son las más eficaces. Puede haber otras, pero tenés que tener una base de datos donde comparar. Por ejemplo, si en un lugar en el que se cometió un crimen quedó estampada la marca de la oreja del criminal, porque la apoyó para escuchar si había una persona dentro de una casa, se puede identificar, porque los diseños de la oreja también tienen su propia característica. El tema es que no tenemos base de datos de eso. Hay de los dedos que es lo más habitual. En Criminalística, es ADN y dactiloscopía.

—¿Pero a veces se recurre al registro odontológico para identificar a una persona?

—Sí. Si por ejemplo aparece un cadáver en estado de putrefacción, y tenemos un dato de quién puede ser, podemos recurrir al registro odontológico. Se llama al dentista de esa persona, a ver si coinciden las huellas odontológicas. Sin ese dato presunto, es imposible. Hay un viejo proyecto para que todos los odontólogos aporten sus planillas para crear una base de datos. Es imperfecto, porque el odontólogo no reconoce dientes ni mordidas sino que reconoce su trabajo. Además, vos no te atendés con un solo odontólogo en tu vida. Es engorroso.

DSC_0046—¿Qué es la odorología?

—Es la identificación a través de los olores. Se toman muestras de olores donde se cometió un delito, y se las coloca en frascos. Cuando hay un sospechoso, se lleva a un recinto, se busca el frasco con el olor del lugar del hecho, y se colocan distintas prendas dispersas: una es del sospechoso. El perro huele el frasco con el olor del lugar del hecho y busca. Donde se sienta, quiere decir que esa es la ropa de la persona que estuvo ahí. El problema es que después hay que hacer declarar al perro, y todavía no lo logramos (risas). En Río Negro, por ejemplo, hay una base de datos odorológica.

—¿Es un sistema eficiente?

—Sí, pero no hay que confundir técnicas de investigación criminal, que ayudan a resolver los casos, con identificación.

—En ocasiones se recurre a un mentalista para orientar una investigación…

-Sí. Y el mentalista aporta para la investigación, es una técnica. Pero para identificar fehacientemente, repito, la dactiloscopia y el ADN.

—¿Cómo está Argentina a nivel laboratorios de identificación de personas?

—Tecnológicamente, a nivel forense, estamos muy bien. Lo que se ve en las series como CSI, es lo que tenemos. Y cada vez se crean más laboratorios. En provincia de Buenos Aires hay algunos que  son de avanzada.