María Luján Rey, mamá de Lucas Menghini Rey

“La Justicia es un derecho y una tarea de todos”

María Luján Rey

Su voz destaca con vehemencia y claridad conceptual. María Luján Rey es una referente indiscutida de la lucha de la agrupación “Familiares y Amigos de Víctimas y Heridos de la Tragedia de Once”. 

No buscó lugares de trascendencia, pero la vida no le dio opciones cuando la de su hijo Lucas Menghini Rey se apagó.

-¿Qué significa ser justo?

-Que cada quien tenga lo que se merece, pero no como noción de castigo, sino de equilibrio en una sociedad que asegure paz y progreso para los ciudadanos de bien, honestos, trabajadores y que ponen todo para cubrir sus necesidades.

-La ciudadanía no pareciera tener destinado un lugar de mera expectante en esa idea.

-Claro. La participación es clave para valorar y cuidar que se vele por los derechos, y que la ley les caiga con todo su peso a los corruptos que piensan sólo en llegar a lugares de poder para enriquecerse, sin importarles lo que cueste lograr sus fines, lo cual pagamos muchas veces con vidas, como nos pasó a nosotros.

-¿Qué aprendizaje le han dejado estos cuatro años de búsqueda?

-Aprendí que quienes son capaces de generar las condiciones para que se den las tragedias que vivimos son personas que a simple vista se parecen a nosotros. Resulta difícil creer que esa gente que se nos parece albergue tanta maldad y desprecio por la vida ajena. Es un aprendizaje triste, doloroso. Quienes mataron a nuestros seres queridos no eran diferentes a nosotros. Sólo han tenido un lugar de poder y lo han utilizado para beneficiarse en lo personal, matando y lastimando a muchos sin importarles nada. Aprendí también a ser paciente porque los tiempos de la Justicia me enseñaron que así debía ser. Queríamos un proceso serio, con todas las garantías, que cuando nos indicara el grado de responsabilidad de cada uno de los procesados, fuera porque tenía todas las pruebas para hacerlo, y eso lleva tiempo. Eso nos enseñó a ser pacientes. Asumimos un compromiso ciudadano con el costo de haberlo aprendido por sufrirlo en carne propia. Sería bueno que aprendamos a construir un país mejor sin tener que enterrar a un hijo.

-¿Cuál era su concepto de justicia antes de aquel 22 de febrero de 2012?

-Uno muy simple: los delincuentes en la cárcel y los ciudadanos de bien trabajando, estudiando, llevando una vida tranquila. Creía que hacer las cosas bien aseguraba que no te iba a pasar nada malo. Pensaba que educar a mis hijos en la idea de que el trabajo, la decencia y la honestidad son el camino, era suficiente. Después entendí que era una mirada acotada.

-¿Qué exigencias demanda luchar por obtener justicia?

-Te exige poner el cuerpo, el alma, mantenerte siempre de pie, alerta de saber que hay quienes tienen interés de que uno se calle, que no siga, que deje de decir lo que debe decir. En nuestro caso, esos eran quienes más poder tenían. Requiere tener valor para enfrentar a quienes detentan poder y gozan de impunidad. Lo que nos sostuvo es haber tenido un objetivo claro sin banderías gremiales o políticas. La Justicia es un derecho y una tarea de todos más allá de nuestras diferencias.

-¿Cuál es su mirada sobre el sistema de justicia argentino?

-Después de un fallo condenatorio como el del 29 de diciembre de 2015, inédito por su celeridad, entiendo que empieza a verse algo distinto a lo que estábamos acostumbrados. Durante muchos años la Justicia abandonó a los ciudadanos y permitió que se instale la idea de que nunca nadie paga, ni responde por las responsabilidades que le toca por omitir acciones,  desempeñar mal funciones o ser

Menghini Rey exhibe la foto de su hijo, Lucas, en uno de los conmemoratorios.
Menghini Rey exhibe la foto de su hijo, Lucas, en uno de los conmemoratorios.

parte de un sistema de corrupción. Esto generó un descreimiento hacia un Poder Judicial que dejó que prescriban o se cajonearan causas grandes que hirieron a la sociedad. El sistema judicial se alejó mucho tiempo de lo que la sociedad espera de él. Concretamente, que sea el equilibrador, que nos ponga a todos en un pie de igualdad y nos juzgue con equidad. Sin importar si quien comete un delito es un poderoso, económica o políticamente hablando. El fallo en nuestra causa puede ser el inicio de una Justicia diferente.

-¿La sentencia es reparadora?

-Quedamos satisfechos porque son condenatorias para veintiuno de los veintiocho imputados;  entre ellos un ex Secretario de Transporte que cuando se inició el juicio estaba todavía en el Poder.

Entendemos que los años de pena distan mucho de lo que cualquiera con sentido común pueda creer que es lo que corresponde. Ocho años de prisión para Juan Pablo Schiavi, comparado con la eternidad que significa cada día sin mi hijo, es nada. Pero somos respetuosos y entendemos que las penas son las que la ley impone. Estamos motivados por encontrar justicia y no venganza. Seguimos confiando y sabemos que esta sentencia no es el fin de la lucha.