Cómo ejercen las comunidades mapuches su Nor Feleal

El sistema de justicia mapuche, Nor Feleal, fue reconocido en territorios originarios. Sus procedimientos, cargados de tradiciones, son diferentes pero tienen el mismo objetivo: organizar el proceso judicial, ya que la resolución queda en manos de la comunidad.

En 2015, en Neuquén, se dio el primer caso de aplicación de la justicia mapuche para resolver un conflicto entre miembros de la propia comunidad. Se trató de una denuncia por el robo de un buey en la comunidad Curruhinca, cerca de San Martín de Los Andes. Fue el paso inicial para reconocer y poner en funcionamiento lo que se conoce como Justicia intercultural, es decir, el respeto por el sistema judicial originario. El sistema penal judicial dio lugar a los cursos de acción trazados por la propia comunidad.

La Declaración de Pulmarí, en base a la cual se puede abrir el juego a la justicia mapuche, dice que se aplica en casos en los que exista un conflicto que interese al derecho penal y que involucre sólo a miembros de comunidades indígenas reconocidas por el Estado. También debe haber ocurrido en territorio reconocido de esas comunidades y no afectar gravemente el interés público.

Las diferencias entre el milenario sistema judicial mapuche, llamado Nor Feleal, con el sistema de justicia tradicional son, básicamente, conceptuales: Mientras en el derecho occidental, prevalece el individuo en el sistema mapuche la comunidad es el centro de su protección. Requiere de su equilibrio y, para ello, necesita que todos sus miembros estén bien. Es un trabajo de todos y la reparación pasa por el consenso comunitario. No busca castigos ni emplea el encierro.

Según una publicación de Myrna Villegas Díaz, del Centro de Investigaciones Jurídicas Universidad Central de Chile, “los principios rectores en estos sistemas sancionatorios indígenas son el de equilibrio de las fuerzas de la comunidad o de la paz social y el de reciprocidad”. Esto explica en parte el por qué conductas que para Occidente no son punibles, o pertenecen al ámbito de lo privado -adulterio, ociosidad, cobardía o traición-, son castigadas en las comunidades indígenas. Ellas representan un desajuste social.

“Siendo el principio del equilibrio de las fuerzas de la comunidad el más importante, parece estarse en presencia de sistemas de justicia restaurativa, con el uso de técnicas de mediación, especialmente cuando se trata de justicia comunitaria”, continuó la especialista

En la mayoría de las comunidades mapuches argentinas el Nor Feleal está compuesto por cuatro personas, autoridades originarias de la comunidad, dos hombres y dos mujeres. Cada comunidad tiene su Nor Fereal y son autónomas, se autorregulan. No existe una ley nacional para todas las comunidades mapuches, como podría ser en el Estado, que lo que se reglamenta a nivel nacional, se aplica a todo el territorio.

El ciclo de un ‘juicio’

Al principio, el Nor Felal se reúne para investigar el caso y luego lo hace con la comunidad. En esas dos instancias la persona que cometió el delito no participa, y los integrantes del Nor Feleal tienen la responsabilidad de contar cómo fue todo. Después viene la instancia en que el ‘acusado’ es escuchado.

Según Ignacio Prafil, werken (autoridad) del Parlamento Pueblo Mapuche Chewelche en Río Negro, “cuando hablan los acusados, se les advierte. Es ‘sacá todo lo que tenés que decir, ahora y que sea verdad’. Lo puede decir en castellano o en mapuche, que es lo más lógico. Tenemos una tradición oral muy fuerte. Lo que se dice es lo que cuenta, no lo escrito. Y así la comunidad misma es testigo de que la armonía comunitaria se ha roto y por eso se han cometido esos delitos”.

El Nor Feleal sólo administra el proceso porque la resolución final le pertenece a la comunidad: “Por ejemplo, hay una pelea, un atropello, violencia. Se le hace pagar a esa persona con trabajo comunitario. Y el comportamiento que esa persona debe tener durante el tiempo que se disponga debe ser controlado por la comunidad. Si son dos años, además de ese trabajo, no puede participar de ninguna reunión comunitaria y tampoco puede asumir cargos dentro de la comunidad”, dice Prafil.

La diferencia con la justicia occidental tradicional es fuerte. “La Justicia del estado dice ‘hay que meterlo preso’, nosotros decimos: ‘meterlo preso es aislarlo de un montón de cosas’ -opina Prafil-. Cuando vos aislás a una persona, no se puede equilibrar ni armonizar. Nosotros confiamos en que esa persona puede mejorar, que lleva tiempo, pero se puede. Confiamos en que se entienda que no solo el Estado es responsable, sino nosotros como ciudadanos, también tenemos la responsabilidad de lo que hizo ese mapuche”.

Si la persona que fue sancionada no cumple con su trabajo o se muestra ofuscado con la comunidad, se llama a una reunión extraordinaria, y se vuelve a ver el caso. Ahí la pena puede ser la expulsión del territorio, el peor castigo para un mapuche.

“Se le dice ‘no estás cumpliendo con esto, la verdad que no te vamos a poder sostener. Te vas a tener que buscar otro espacio territorial. Y ese lugar adonde vas, la gente de ahí tiene que saber quién sos vos. Que no sos una persona agradable, que tenés faltas… Las cosas se resuelven sin cárcel. Lo separamos de la vida social, política, cultural, espiritual o religiosa”, asegura Prafil

Lo que busca la justicia mapuche es el arrepentimiento. Si no se da, por más que haya cumplido con el tiempo de trabajo comunitario, se lo invita a irse.

Para Prafil, esa es la piedra basal del funcionamiento social: “Si no sucede arrepentimiento y no hace las cosas bien, se lo expulsa del territorio mapuche y ninguna comunidad lo acepta. Esa es nuestra manera de hacer justicia. Lo que hemos comprobado es que en esta forma de encarar la justicia las personas pueden reflexionar sobre lo que significa ser mapuche, y qué significa ser indígena y originario. Lo que prima es la identidad. En la justicia del Estado, no se trabaja sobre la identidad sino sobre el delito que cometió. Acá, el peor castigo es ser privado de su identidad”.