Dos largos testimonios con precisiones y vaguedades

Con dos testimonios se llevó a cabo  una audiencia del juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA, que comenzó en agosto de 2015 y se espera concluya para mediados de este año.

El primer testigo, Raúl Galván, fue vicepresidente de la Comisión Bicameral formada en 1996 para dar seguimiento desde el poder legislativo a la investigación del atentado a la AMIA y de la embajada de Israel.

El exsenador por el bloque de la Unión Cívica Radical, declaró durante tres horas acerca de su trabajo al interior de la Comisión y ratificó todos los informes que hasta su salida, en 1999, presentó este organismo, en los cuales los legisladores defendieron la investigación llevada a cabo por el entonces juez Juan José Galeano y acompañada desde la Fiscalía por Eamon Mullen y José Barbaccia, imputados en este juicio.

“Teníamos canales de comunicación con el juez. Fui al menos una vez al Juzgado con la Comisión y él vino por lo menos dos veces. La información también la adquiríamos a través de los fiscales”, contó aunque explicó que no tenían acceso al expediente.

Si bien recordó una reunión de urgencia acerca un video que fue sustraído del Juzgado -que luego se hizo público a través de los medios de comunicación, donde Galeano negocia un pago con el imputado Carlos Telleldín-, Galván no pudo precisar con exactitud el contenido de ese video ni recordó haberlo criticado por irregular. “No teníamos  jurisdicción sobre el juzgado. No queríamos intervenir. Entendimos que el video era una prueba reservada y pedimos seguir el caso del robo”, explicó en contradicción con otros testimonios de integrantes de la Bicameral, quienes advirtieron esa irregularidad y dijeron haberla discutido al interior del organismo.

Por otro lado, el exsenador fue crítico con la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, a cargo del aquí imputado Hugo Anzorreguy: “La SIDE era reticente a brindar información acerca de su presupuesto y sus miembros, de quienes sospechábamos eran personas fascistas”. También criticó su falta de preparación.

Esa actitud de la exSIDE, según señaló el testigo, “era parte de la falta de voluntad política por parte del gobierno nacional de no esclarecer el atentado”. Agregó, a su vez, que ambos ataques terroristas fueron motivados por la política exterior del gobierno del ex presidente Carlos Menem (también imputado en este juicio). En sus palabras, “tengo el convencimiento de que es una de las razones por la que nuestro país fue atacado”.

Una testigo desmemoriada

Por la tarde, declaró Ana Sverdlik, quien fue, entre diciembre de 1994 y mayo de 1997, prosecretaria en el Juzgado Federal N°9, donde se instruía la causa AMIA. También, entre 1998 y 2002 fue apoderada de la DAIA en el juicio por el atentado, pero, al haber sido pedida como testigo para hablar de su trabajo en el juzgado, sólo sobre eso se le pudo preguntar.

Sverdlik recordó muy poco y dijo estar “desconectada” de la causa desde el 2002 cuando se fue del país. Pero, con un esfuerzo de memoria, afirmó haber tenido conocimiento acerca de las cámaras ocultas en el juzgado -más específicamente, en el despacho de los secretarios Javier De Gamas y Carlos Velasco-, de que las había colocado personal de Inteligencia y que se grababan “esporádicamente” entrevistas o declaraciones. “El monitor estaba en mi despacho y cuando filmaban me iba a usar otro escritorio”, explicó y aclaró que, según cree, no se dejaba constancia de dichos encuentros.

Específicamente sobre la filmación que circuló por los medios de comunicación, donde Galeano y Telleldín negocian un pago, la testigo dijo no recordar el contenido a pesar de que es ella quien ingresa en medio de la entrevista: “Yo recuerdo haber entrado a dejar agua o café mientras se filmaba pero no sé si ese video es el que se publicó”.

Por otra parte, la testigo confirmó que diversos agentes, “muchos hombres y dos mujeres”, de la exSIDE concurrían al Juzgado con regularidad y reconoció los nombres -cuando el fiscal se lo mencionó- del exagente Patricio Finnen (imputado en este juicio) y su par Alejandro Brousson (ya fallecido).

Por último, Sverdlik dijo haber compartido labores con el prosecretario Claudio LIfschitz, quien denunció irregularidades en la investigación a cargo del exjuez Galeano. “No me generaba mucha confianza y teníamos diferencias de principios”, aclaró y, a preguntas de las defensas, respondió: “Nunca escuché que Lifschitz haya sugerido pagarle a Telleldín. De ese pago me enteré en el juicio”.

Es justamente Claudio Lifschitz el testigo citado por el Tribunal Oral Federal 2 para el próximo lunes, a pesar de que las defensas, como era de esperar porque ya lo hicieron con otros testigos, se opusieron a su testimonio. Los abogados defensores alegaron que el entonces prosecretario declararía sobre hechos en los que participó, que son considerados delictivos por la acusación y, de esa manera, podría autoincriminarse.

Los jueces Perilli, Gorini y Costabel presentarán su decisión la próxima audiencia a las 10 pero, acorde al criterio ya adoptado en el debate, todo indica que permitirán que se lleve a cabo uno de los testimonios más importantes del juicio.