Diez años de litigio familiar, resueltos en una mediación

Una pareja que acudió a la justicia para resolver sus problemas, y cuyo caso llegó a reunir más de veinte expedientes, recién pudo solucionar su situación a través de la mediación familiar. Cómo funciona el sistema.

Una pareja de profesionales con dos hijos en común mantuvo una fuerte disputa familiar durante muchos años, y su causa llegó a acumular más de veinte expedientes en el Poder Judicial. Responsabilidad parental, cuidado personal, régimen comunicacional y demandas de alimentos, entre otros, fueron las reclamos entablados en diez años de litigio, sumado a todo el drama que implica tener a una familia judicializada. Pero hubo un punto de inflexión que cambió sus vidas: acceder a la mediación familiar dispuesta por una jueza civil.

A través de la resolución civil, acudieron a la Dirección Nacional de Mediación y Métodos Participativos de Resolución de Conflictos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, a cargo de Raquel Munt. Buscaban resolver tres temas puntuales, en las vísperas de un diciembre movido como todo fin de año: debían “acordar” con que progenitor los hijos pasarían Navidad, Año Nuevo y las vacaciones de verano. 

Los recibieron las mediadoras familiares Verónica Raciti y Alejandra Pascali, quienes durante siete audiencias llevaron a cabo un intenso trabajo resaltando dos claves de la mediación: escuchar la voz de la hija mayor y generar confianza en las partes.

“La mediación es útil para desjudicializar los casos”, dijo la jueza del caso, María Celia García Zubillaga, titular del Juzgado Civil 10.

Acuerdos para dialogar

La primera audiencia fue muy tensa. La pareja llegó por separado, sin hablarse y con la intención de resolver la “manda judicial”, es decir, de cumplir lo ordenado por la jueza e irse a sus casas. “Hubo que hacer un doble trabajo: legitimar la mediación con los abogados de las partes y con la pareja”, explicó Raciti.

Después de años de conflictos judiciales, la jueza consideró que tenían que volver a la mediación para “no centrarse tanto en la cuestión técnico-jurídica sino en un abordaje interrelacionado e interdisciplinario”, dijo García Zubillaga. “Propuse suspender todos los procesos e intentar las entrevistas en el Ministerio de Justicia”, explicó la magistrada.

“La base de la problemática es social y afectiva. Por eso trabajamos con las psicólogas del centro”, dijo Pascali sobre la decisión de la justicia de derivar el caso al centro de mediación.

Las primeras reuniones se desarrollaron en forma separada con cada uno de los progenitores, porque “no se podían ver”, explicaron las mediadoras. Había que amalgamar los criterios de la niña, de cada uno de los padres y de los abogados. A modo de ejemplo, cada reunión para determinar un día de vacaciones significaban tres horas de trabajo en una audiencia.

“Lo más importante en ese proceso fue escuchar a la niña, fue fundamental. Porque fue la pieza que destrabó el conflicto entre los padres. Se fue creando un clima de confianza que nos permitió avanzar en temas muchos mayores”, explicó Pascali.

Los valores en juego

El mediador tiene que tener algunas características particulares para aunar conceptos y emociones de las partes que están en conflicto: sensibilidad frente a la problemática planteada, y neutralidad, para no dejarse captar por el relato de una de las partes. También debe existir una “escucha activa” y “prudencia”, para saber hasta dónde llegar con las técnicas de mediación.

Los sentimientos son otro capítulo aparte en las audiencias. Pascali dice que en esos momentos “se ponen en juego las emociones y las relaciones familiares”. “Una familia no es un compartimento estanco que se debe adecuar a una norma. El basamento de la familia son las emociones”, destacó la mediadora, que ejerce la profesión desde hace trece años. Raciti también se desempeña en ese rubro desde hace más de veinte años.

En una mediación “uno se despoja de todo lo que siente, piensa y lo que le viene pasando. Cada uno aporta su historia, está en el mediador para canalizarlo y así llevarlo hacia un ámbito que proporcione un resultado, sea bueno o malo. Nunca se sale de la misma manera al concluir una mediación”, contó Raciti.

Revinculación familiar

En la última audiencia, notaron que el hombre y la mujer que antes venían separados y sin hablarse, habían llegado juntos y estaban dialogando. “Fue un gesto mínimo, pero muy importante”, resumió Raciti.

Se trabajó a lo largo de siete audiencias. Le propusieron a la pareja que se tomaran un tiempo para practicar los pequeños acuerdos de mediación logrados y ver si lo podían traducir a su vida cotidiana, sin los mediadores. Pasaron tres meses y volvieron. “Estaban felices y nos informaron que querían terminar los diez años de juicio”, cerró Raciti. Las partes dieron por finalizados todos los expedientes judiciales, y se produjo el restablecimiento del vínculo del padre con su hija.