Talleres para hacer patinetas en zonas vulnerables

Dos amigas comercializan patinetas para poder financiar talleres para jóvenes en situación de vulnerabilidad. Para ellas, les demuestra a los chicos “qué ellos pueden”. La confección es sólo la “excusa” para construirse a sí mismos. 

Una idea de dos amigas que comenzó cuando a una se le rompió una patineta derivó en un emprendimiento con talleres prácticos donde jóvenes en situación de vulnerabilidad aprenden a hacer su propia patineta y tienen su herramienta de juego. “La patineta es una excusa para enseñarle al chico que se puede interesar en el arte y en el deporte”, dice Sofía Pique, una de las protagonistas de esta historia.

Josefina Goñi es la que patinaba, se cansó de perder patinetas y se propuso hacerlas ella misma. Sofía fue la de la idea de enseñarles a los chicos. Las dos se juntaron y crearon “Deslízate”. Los talleres avanzaron primero por un subsidio del Gobierno de la Ciudad y después con el trato con empresas y con la venta de las patinetas.

Para Sofía “es transformador para el chico saber que puede hacerlo él”. De los talleres el año pasado participaron cerca de 250 chicos en la Villa 1-11-14, Piletones, La Cava, Barrio Munro, Ushuaia, Rio Grande y Tolhuin. Para este año se espera que participen unos 400 chicos más del Barrio La Loma, Barrio La Cava, Ushuaia, Tolhun, Rio Grande y en la Villa 21- 24.

Deslízate son patinetas tipo old school hechas a mano con diseños únicos de madera lenga reciclada proveniente de bosques nativos reforestados de la provincia de Tierra del Fuego. El 35% de cada compra se destina al desarrollo de los talleres.

Los talleres son de seis clases, de dos horas cada una, donde los chicos hacen sus propias patinetas: “Viene la tabla de madera la marcan con diseño, la lijan, la dibujan y en la última clase ponen las partes y se la llevan”, cuenta Sofía que aclara que “tienen que venir a todas clases, sino, no se llevan la patineta”.

“En un taller en la Cava había una chica Rocío de unos 14 años que venía a dormir a los talleres, nos prestaba atención, siempre molestaba a sus compañeros y casi no llegaba a completar las actividades”, cuenta Sofía al recordar uno de los talleres que dieron en estos dos años de existencia de Deslízate.

“De a poco se fue enganchando con el proyecto y no sólo termino su patineta, sino que aprendió el deporte, le enseñó a otros y fue profesora del taller que siguió” explica y hasta improvisa una conclusión sobre el cambio de la niña: “ella se construyó a sí misma”, dice.