Liliana Ilari, presidente del Banco Alimentario de La Plata

“El deseo es terminar con la injusticia del hambre”

Es abogada, jubilada, voluntaria y presidente de la organización de la sociedad civil con sede en Berisso. Unos 11 mil platenses combaten el hambre y la desnutrición a través de los alimentos que allí se recuperan.

Según el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas un tercio de la producción alimentaria mundial para consumo humano se desperdicia, entre otras razones, por la fecha de caducidad o razones estéticas. Paradójicamente, una de cada ocho personas del globo sufre por hambre.

El Banco Alimentario de La Plata pertenece a la Red Argentina de Bancos de Alimentos, que nuclea a 16 organizaciones. Tras la crisis social, en 2002, se fundó en el seno de un grupo de amigos que decidió devolver la ayuda que recibieron de otros, que simplemente abrieron el corazón para colaborar con la deuda social más importante: el hambre. El galpón repleto de productos alimenticios está ubicado en un predio de Dirección de Vialidad bonaerense de 200 metros cuadrados en la localidad de Berisso.

Según la información oficial, el Banco recibe entre 30 y 50 mil kilos mensuales de alimento, para recuperar la “sustentabilidad en el desperdicio”. La prioridad son las frutas y las verduras que llegan diariamente desde el mercado central platense.

Se limpian, pesan y clasifican en un cuidado proceso de selección y recupero de los productos para luego destinarlos como donaciones a 112 instituciones. A esto se sumó el aporte de las empresas del rubro alimenticio.

Son 10.971 beneficiarios entre parroquias, comedores, casas del niño, copas de leche (es decir, comedores que sólo brindan merienda o desayuno a menores) así como instituciones estatales. Se trata de jardines de infantes que se están sumando a través de sus cooperadoras: aportan una contribución simbólica de 2 pesos para “sentirse parte el banco”, afirman desde la entidad.

En marzo, el Banco de Alimentos recibió 13.534 kilos de suministros no perecederos, 11.365 litros de bebidas, 4.733 de golosinas, 4.621 kilos de frutas y verduras, 2.570 en productos higiene y limpieza, entre otros.

También como otra forma de recaudación, realizan cenas, una colecta anual y dos cosecha masivas: La ‘Kiwiada’ y la ‘Chocleada’ (de kiwi y maíz, respectivamente) donde convocan a más voluntarios. En abril distribuyeron más de 25 toneladas de alimentos.

Trabajar por justicia

De origen platense, Liliana trabajó en Bahía Blanca hasta que se jubiló anticipadamente con 55 años del Poder Judicial. Como socia fundadora de la entidad, explicó que trabaja “como una empresa con un sentido social y ningún sentido de lucro”.

“Acá hay seis personas rentadas que se les paga el sueldo con aportantes de las empresas o con otros medios de autofinanciación, y voluntariado permanente de 20 a 30 personas”, describe la mujer. “Me mueve el deseo de terminar con la injusticia del hambre porque a mí me duele cada vez más el país, y sus chicos con hambre”.

¿Qué significa ser voluntario?Para mí, es participar en la vida de otros que tienen alguna necesidad y compartir mi vida con ellos. Si hay chicos a lo que les falta para comer, y puedo hacer que eso que les falta les llegue, eso es ser voluntario”, define la emprendedora.

Divorciada y con 6 nietos, explica su motivación: “Cada vez que hago algo pienso que es para mi nieto. Si no podés querer al otro de esa forma, nunca vas a poder hacer nada. Podés reunir alimentos y sólo repartirlos. O podés reunir alimentos, repartirlos e impartir un deseo de vida con un abrazo”, distingue. “Si querés la paz, trabajá por la justicia. Porque es más justo vivir con dignidad”.

Dato Útil:

Dónde encontrarlo: 65 (ex 8) entre 124 y 125, en el barrio Villa Arguello, Berisso, dentro del predio de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires.

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