Maxi Belcastro, actor compañía Aprender a Volar

“La idea es concientizar sobre el acoso escolar desde el humor”

El actor recorre colegios del país con Gritos del silencio, un unipersonal que reflexiona sobre el acoso infantil en clave de humor. No es la única obra que repasa una problemática social: la violencia de género y las adicciones son temas de otras dos producciones.

“En una escuela rural de Cañuelas, durante una función para 30 chicos, en los últimos cinco minutos del unipersonal -cuando el actor confiesa que era la víctima de bullying y todo lo que le pasó- un pibe de adelante se puso a llorar desconsoladamente. Paré, se levantó, me abrazó y empezó a contarles a todos que a él le habían hecho bullying en otro colegio. Fue muy fuerte”, dice el actor que cumple consecutivamente los roles de varios personajes en Gritos del silencio, una obra sobre el acoso en las escuelas que sobre lo que reflexiona en las aulas.

¿Qué lleva a un chico a desahogarse de ese modo en público? Maxi ensaya su respuesta: “Él contó que se reprimía, hasta que entró a este colegio nuevo y pudo empezar a hablarlo con la directora. A mí me dijo que se había sentido totalmente identificado con lo que contaba el personaje del unipersonal. Nunca había podido hablar con los padres porque laburan en el campo, y los hermanos también, son muy cerrados y no tienen tiempo para hablar de nada”.

Maxi Belcastro
Belcastro: “La clave es que casi toda la obra es humor”

Para Belcastro, ser protagonista de Gritos del silencio, le deparó grandes sorpresas. Con 100 funciones en 5 meses en escuelas de todo el país, aprendió, sumó experiencia, pero sobre todo, se dio cuenta de que el bullying es algo más que una palabra de moda: es una práctica que toma rehenes, los destruye. Y nunca pensó que se podía concientizar sobre el acoso escolar a través de una obra con mucho humor.

-¿Cómo surgió Gritos del silencio?

-Gonzalo Santa Cruz, el director de la compañía teatral rosarina Aprender a volar, escribió el unipersonal con la idea de llevarlo a las escuelas. Además, hay otra obra, que habla de adicciones: Selfie. Y el año que viene, sale uno nuevo, Mamá murió dos veces, que toca el tema de la violencia de género. Hoy somos 8 actores que recorremos el país con los unipersonales en secundarias (4 con Selfie y 4 con Gritos del silencio) y hay 10 que van a las primarias, con obras que abordan más o menos los mismos temas pero con títeres.

-Es difícil concentrar la atención de los adolescentes, a esa edad ¿Se logra?

-Fue lo que más me sorprendió. Yo dudaba de cuánto tiempo podían darme bola. La obra dura 50 minutos y creo que la clave es que es casi todo humor. Transita por varios personajes, como una mamá, un adolescente que se enamora por primera vez, un maestro y su relación con un chico. Siempre con humor pero con una bajada a lo reflexivo en algún momento. Es decir, lo tenés al pibe allá arriba, matándose de risa, y en un momento le bajás el mensaje. Y el mensaje es que uno pasa por los tres estadíos en la obra: sos el ‘bulinero’, el ‘bulineado’ y el ‘neutral’, el espectador, que refuerza la violencia riéndose. La idea es concientizar sobre el acoso escolar desde el humor.

-Entonces, todos los chicos se identifican con alguno de los personajes.

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La obra recorre todo el país durante el cicloe lectivo

-Claro, a veces no se dan cuenta que el silencio o el reírse de la situación, tampoco ayuda. Les mostramos como se mueve el bulineado, y hacemos hincapié en la violencia que surge desde la casa. Hacemos foco en Pablo, que es un personaje que fue bulineado durante cinco años y un día se cansó y le pegó a uno de sus acosadores, y se transformó en el bulinero. Y el personaje del bulinero cuenta que en la casa había mucha violencia, que el papá le pegaba a la mamá y que él, lo único que hacía, era llevarse a los hermanitos para que no lo presenciaran. Es decir, abordamos la idea de que el bulinero ejerce la violencia porque tiene problemas de violencia. Sea en su casa o en el entorno. A veces se ve al bulinero como el victimario y el que tiene la culpa, solamente. Pero la verdad es que también tiene su problemática.

-¿Cuántos personajes hay?

-Son 16. Pero no es que tienen vestimenta especial cada uno, sino que se van modificando los personajes de acuerdo a cambios de actitud, formas e incluso apoyados en los estereotipos. No hay tanta caracterización, porque es todo muy unipersonal, no hay tiempo para cambios de vestuario. Somos nosotros, llevando un telón y ya.

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Lo que más me asombra es el respeto que tienen. Son por ahí 300 pibes que están atentos todo el tiempo. Y lo que más me interesa a mí es la parte reflexiva. Cuando termina la obra se te acercan y te reconocen que les encantó, que los hiciste reír y también reflexionar. Entonces, ahí digo: ‘está bien hecho el laburo’

-¿Hacen también funciones para secundarios de adultos?

-Sí, pocas pero se hacen. Y son generalmente a la noche. Les avisamos que la obra está orientada a público adolescente. Si bien al bullying se lo relaciona con el maltrato escolar, es un maltrato en general. Se puede dar también en el laburo, y los grandes lo hacemos. Una vez en Zárate, pasó que una chica, de unos 40 años, se puso a llorar cuando terminó la obra. Se me acercó, me abrazó cuando estaba desarmando todo y me agradeció por hablar del tema. Me contó que a ella le pegaba la ex pareja, y que la hija sufría bullying en la escuela. Y decía que ella era muy sumisa y que por ahí tenía la culpa de lo que le pasaba a la chica. Y empezó a sacar todo.

-¿El programa tiene un alcance federal?

-Sí, vamos a los lugares de donde nos llaman. Si bien desde las oficinas en Rosario, la gente de la compañía se comunica con las escuelas para ofrecer las obras, ya se conocen y hay escuelas que llaman para pedir que volvamos. A mí, este año me tocó arrancar por Gran Buenos Aires, luego Ushuaia, Rio Grande y Santa Cruz, y después a la otra punta, a Misiones.