Cuando el arte ayuda: una iniciativa lúdica para chicos internados

Una ONG organiza talleres de plástica en los pasillos de tres hospitales públicos. Buscan mostrarles el costado divertido y alegre a los pequeños pacientes. Los chicos y chicas, de entre 4 y 8 años, van acompañados por sus padres.

Hace más de diez años que la asociación civil CHAP empezó su trabajo de voluntariado en uno de los hospitales pediátricos más conocidos: el Garrahan y su sala de Oncología, donde empezaron esta iniciativa solidaria para los más chicos. Pero su funcionamiento formal sucedió años más tarde, cuando ampliaron el horizonte hacia dos hospitales pediátricos más: el Ricardo Gutiérrez (Hospital de Niños) y el Pedro Elizalde (ex Casa Cuna). Esta ONG ya ayudó a miles de chicos y esperan llegar al conurbano bonaerense el año próximo.

Su creador, Pedro Ortiz, es comerciante, clown, acróbata y actor. En 2008 viajó a Portland, Oregón, Estados Unidos. Trabajó durante un mes en hospitales pediátricos y conoció a la CHAP “original”: Children´s Healing Art Project”, una idea que había tenido Frank Etxaniz. En esa organización se inspiró Pedro para replicar el modelo en la Argentina. Así nació “Curar Haciendo Arte con Pequeños”, que es oficialmente una asociación civil desde 2011.

“La idea era que los chicos en la situación de espera hospitalaria tengan un canal de expresión de juego en el momento de angustia”, cuenta Pedro.

CHAP está compuesto por un equipo integrado por un profesor de plástica para cada hospital, y entre cuatro y seis voluntarios por taller que, en general, son estudiantes universitarios de carreras humanísticas. También hay jubilados, que se suman a la movida solidaria.

El hall central del Gutiérrez tiene más de 200 dibujos colgados en las columnas que sostienen parte del pasillo que linda con los baños y el kiosco. Cientos de personas pasan por allí a diario. El lugar fue elegido adrede para que los pequeños pacientes que asisten a tratamientos ambulatorios pueden “toparse” con las mesas de trabajo.

Los chicos y chicas van acompañados por sus padres. En general tienen entre 4 y 8 años. Son pacientes ambulatorios que vienen desde todo el país a atenderse en hospitales de alta calidad médica en Oncología, diálisis u otros tratamientos.

Desde CHAP tratan que los niños que asisten al taller sean vistos como lo que son, chicos, y no como pacientes. “Que relacionen al hospital como un lugar no de dolor y de enfermedad, sino colorido, alegre y divertido. Ellos quieren jugar y expresarse”, dice Pedro.

Lleva un sombrero para “llamar la atención”,  un delantal de CHAP y una camisa con un dibujo en tempera en la espalda. Lo pintó Jovitt, un nene que pasó por el taller y murió de una enfermedad terminal.

Activos, no espectadores

El taller está pensado con el objetivo de tener a los chicos en un rol “activo y creador”. Dibujan con fibrones y lápices, pintan con temperas o arman. En esta línea, también firman cada una de sus obras de arte. “Los personalizamos con la idea de levantar su autoestima. Si se lo quiere llevar a su casa, le hacemos una manija, o sino lo exhibimos en el hospital”, explica Pedro. Y aclara que es una actividad expresiva y lúdica, y que no se meten en el tratamiento clínico.

Los padres son una parte importante: ponen en palabras cómo repercuten los talleres en sus hijos.  Explicaron que los chicos “cambian su semblante” y su “actitud corporal”.

“La única manera que levantamos al nene de la cama es diciéndole que van a venir al taller”, explicó un papá. Los dibujos muestran ese sentimiento: hay varios con motivos como la “familia”, “niños en el hospital”, “personas contentas”, “casas”, “soles”, “flores”, o “una cancha de fútbol”.

Pedro manifestó que el fin es “completar a la medicina, que a veces deja de lado lo anímico y espiritual”. Por este motivo, explicó, “el arte crea las condiciones para que los niños estén de mejor ánimo para afrontar los tratamientos” y sacarles una sonrisa.