Carolina Casuscelli, curadora de Paula Aguirre

“Nuestra vida fuera del Cottolengo es muy social”

Pauli y Caro comparten un departamento en la Ciudad de Buenos Aires, pero su historia empezó en el Cottolengo Don Orione, en la bonaerense ciudad de Claypole. Comenzó con una experiencia de voluntariado en 2009 pero se reinventó en un lazo de vida que las mantiene unidas, más allá de lo terapéutico.

En 2009, Carolina Casuscelli se instaló un mes en el Cottolengo de Claypole para hacer una experiencia de voluntariado. Allí conoció a la residente Paula, con quien estableció un vínculo que terminó integrándola a la familia Casuscelli. Paula tiene parálisis cerebral y una discapacidad intelectual severa. Desde julio de este año, Carolina es la tutora legal de Paula y están juntas varios días a la semana: algunos, en el Cottolengo, otros, en su departamento.

El Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole fue fundado por el sacerdote italiano San Luis Orione en 1935. Fue la primera obra especialmente enfocada a la atención de personas con discapacidad. Orione bautizó el lugar así en honor a José Benito Cottolengo, un presbítero piamontés que, en 1842, abrió una casa para acoger pobres, enfermos y abandonados.

El Cottolengo es la institución más grande en su tipo del continente americano: es un predio de 50 hectáreas con quince hogares. Tiene 380 residentes de 4 a 90 años, con diversas discapacidades. Trabajan 400 empleados y más de 90 voluntarios. Además de religiosos y voluntarios, desarrollan allí sus actividades un equipo interdisciplinario de profesionales. Los residentes tienen un plan de atención personal, en el marco de una institución de inclusión y apoyo para las familias.