Francisco Ribero, promotor de los ladrillos reflejantes


La idea la tuvo un diseñador francés, y ellos la ayudaron a llevarla a cabo en la Argentina. Son ladrillos sustentables que con una capa metalizada que hace que se refleje la luz natural.



El arquitecto Francisco Ribero, desde su taller en el barrio porteño de San Cristóbal, creó hace unos años un piso ecológico con el reciclaje de tapitas plásticas. Pero hace poco, Francisco y su socia, la comunicadora Cecilia Fortunato También, en línea con su compromiso social, decidieron colaborar con un diseñador francés y crear el proyecto Reflexión Villa 21, un plan innovador y solidario que busca “llevar luz a lugares que están en sombra”.

Cecilia Fortunato y Francisco Ribero
Cecilia Fortunato y Francisco Ribero

Entre la gran cantidad de colores que impactan al ingresar al taller, sobresalen, en un estante junto a la ventana, bloques metalizados que reflejan con intensidad los rayos del sol. “Son ladrillos con una capa metalizada de polvo de hierro que sirven para iluminar con luz natural espacios oscuros de la ciudad”, explica el arquitecto.

Los ladrillos reflectores nacieron de la mano de Nathanaël Abeille, quien los inventó tras investigar soluciones para la oscuridad que produce en las viviendas particulares la cada vez más creciente edificación.

“Lo conocimos en 2013, cuando estábamos ‘incubados’ en el Centro Metropolitano de Diseño. Nathanaël vino a Buenos Aires con su proyecto Reflexión, que nos interesó mucho y generamos una amistad así que lo ayudamos a ponerlo en funcionamiento donde más se necesitaba”.

Romper con los prejuicios

El Proyecto Reflexión en la porteña Villa 21Stephanie Bridger
El Proyecto Reflexión en la porteña Villa 21

En ese entonces, Francisco y Cecilia realizaban trabajos en la Villa 21 de Barracas, colaborando con la parroquia, cuna de la ayuda social y espiritual del barrio. “Trabajando allá, nos llamó la atención que, al no tener códigos de edificación y planeamiento, no hay restricciones, por lo que aparecen ciudadelas con pasillos muy estrechos y oscuros. Ahí se nos ocurrió llamar a Nathanael para llevar luz natural a donde no llega”.

La oscuridad en la villa, sostiene Francisco, no es nada más falta de luz sino que “la hace parecer marginal y peligrosa”, lo que viene de la mano de cientos de apreciaciones negativas acerca de un barrio que no siempre es lo que parece.

“Uno va con una idea desde afuera y después está la realidad adentro, que muy pocas personas se la imagina. Te encontrás mucha gente trabajadora, mucha solidaridad y eso rompe con los preconceptos sobre quienes viven en las villas. Es un barrio más”.

Con la energía puesta en hacer un aporte, los jóvenes emprendedores se acercaron al párroco y a los vecinos para contarles la propuesta, que fue muy bien recibida. Incluso, dice Cecilia, muchos colaboraron en la instalación de los primeros ladrillos en noviembre del año pasado. “Estaban muy contentos y se fue sumando gente: los que saben de construcción se pusieron a armar, a colocar, a rayar los cerámicos. Fue un día increíble con energía positiva. Así que ya iniciamos el primer tramo para después hacer todo el pasillo”.

Ribero exhibe uno de los ladrillosStephanie Bridger
Ribero muestra uno de los ladrillos

Son 45 metros lineales los que falta cubrir de ladrillos reflejantes, por lo que ahora se encuentran en plena búsqueda de financiamiento a través de una plataforma de recaudación colaborativa. Si bien los tres profesionales donan su tiempo y trabajo, necesitan fabricar al menos mil ladrillos y contratar personal para la instalación.

“Si todo funciona bien -señala Ribero confiado-, lo terminamos este año, pero queremos seguir expandiendo el concepto, tanto dentro de la villa como afuera y   poner a la arquitectura donde debe estar: al servicios de las personas”.

Con más sol y más arte, habrá más y mejor vida y ese es el cambio que desean lograr: “Creemos que el barrio tiene mucha potencialidad. La idea es transformar al menos un sector de la villa 21 en un espacio de luz, lleno de artistas y murales, que generen acciones de cambio para todos los vecinos”.

Pisotapitas, otro emprendimiento solidario

Sustentabilidad, cuidado del medio ambiente, creatividad, luz y compromiso social son algunos de los conceptos del otro emprendimiento ecológico de Francisco y Cecilia: Pisotapitas. Con ese proyecto también trabajaron en la villa 21.

Los pisotapitasStephanie Bridger
Una muestra de los pisotapitas

Como toda idea, no se gestó de un día para otro sino que tardó años en implementarse. “En 2008 yo estaba terminando la carrera y solía ir a correr a una plaza que estaba muy sucia y me puse a pensar en la posibilidad de configurar a la basura de forma diferente. Me llamó la atención que las tapitas tenían cierta matriz y el resto fue llevarlo al plano de la creatividad”.

Francisco diseña y arma planchas de un metro cuadrado con 1024 tapitas cada una. Luego, rellenadas de cemento y arena, pueden colocarse mayormente en pisos, paredes y hasta muebles. La clave está en la reutilización de las tapitas plásticas, que tardan cientos de años en degradarse, y en la colaboración activa con la Fundación Garrahan, institución que les vende las tapitas plásticas para mejorar la salud de los niños del país.