Cuenta con 40 operarios

Inclusión laboral: empleo digno para jóvenes con discapacidad

La asociación civil Accervil armó un taller protegido, ubicado en la localidad bonaerense de Olivos, que ofrece una oportunidad laboral a vecinos con discapacidad motriz.

Están en las mesas, trabajando, y demuestran que la de la inclusión es una lucha que hay que librarla a diario, sin bajar los brazos. Son operarios del taller protegido “Accervil”, ubicado en la localidad bonaerense de Olivos, que desde 1987 ofrece una oportunidad laboral a adultos con discapacidad motriz.

Patrick Haar
Sara Pérez (izq), colaboradora, y Silvia Burstein (der), presidenta de Accervil

La planta la conforman 40 personas, entre las que se reparte la totalidad de los ingresos que produce. Se trata de una asociación civil sin fines de lucro que, junto con el Instituto Municipal de Rehabilitación de Vicente López “Dr. Anselmo Marini”, fue fundada en 1956 por la Secretaría de Salud de la Municipalidad de Vicente López, para ayudar a los afectados por la epidemia de poliomelitis que se desató ese año en la Argentina.

Silvia Burstein es presidenta de la organización desde hace 20 años. “Tratamos de que los operarios tengan un trabajo digno, que puedan aportar algo a la sociedad y se sientan útiles”, explicó la mujer. El taller es un gran salón, que da a un patio con un hermoso mural, en el que las personas con discapacidad neuromotora hacen un empleo productivo del tiempo, y se desenvuelven en un ambiente cálido, generan vínculos de afecto.

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En el taller, los 40 operarios son mayores de edad

En el taller trabajan 40 personas donde realizan tareas para compañías de diferentes rubros; desde armado de tubos de ensayo para análisis de sangre, hasta fabricación de bolsas de polietileno. Las empresas proveen el material y ellos entregan el producto terminado. “Hacen trabajos que se pueden hacer con las manos. Muchos están en sillas de ruedas, otros no, pero no tienen ninguna incapacidad de tipo cognitiva para poder hacer las tareas que se les asigna”, aclara la presidenta.

“Es muy importante el espacio que se les abre aquí. Vienen a trabajar bien dispuestos y para ellos es central sentirse útiles, poder trabajar como lo hacen otros miembros de sus familias”, sostiene Burnstein.

“Martín tiene 28 años, y para él el taller es su mundo. Él quería trabajar, y la verdad es que en el mercado es difícil, porque hay empresas que tienen que adaptar todo el edificio por la problemática de la accesibilidad y no están dispuestos a hacerlo”, explica Sara Pérez, madre de Martín y colaboradora de la organización.

En una de las mesas, está ocupado y concentrado Pablo, quien se encarga de colocar una gomita en una pieza de sanitarios, junto a otros cinco compañeros que realizan la misma tarea. En la siguiente mesa, un grupo de operarios se ocupa en enrollar, con unos varillas de madera semejantes a palos de amasar, láminas de papel de afiche, que luego, en otro sector del taller, serán embolsadas y precintadas.

“Con el papel ya enrollado, controlo que esté en perfecto estado, sin dobleces, y luego manejo la máquina de sellado de los envoltorios”, explica Ricardo, uno de los beneficiarios, mientras muestra los papeles de afiche que se comercializan en supermercados, ya listos para llegar a los clientes.

Ricardo trabaja en este taller desde hace ya 20 años, cuando egresó de la Escuela 502 (de Vicente López) y reconoce que si bien trabajó en otros sitios, siempre fue dificultoso para él conseguir empleo. “Acá uno se siente mejor, porque somos todos iguales. En otros lugares, la diferencia se hace sentir”, sostiene. Y dice: “Estoy contento, me siento bien con este trabajo, ya que las tareas van cambiando cada día, y mis manos están aptas para hacerlo”. Su pareja también es una de las operarias del taller protegido ubicado en Córdoba 2956.

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En el taller protegido ofrece una salida laboral

Otros trabajadores también se dedican a rellenar burbujeros para hacer pompas de jabón. También, hay trabajadores que se ocupan de colocarle las etiquetas al producto, rellenar recipientes con alimento para peces y fabricar bolsas de polietileno, un producto que se produce integralmente en el taller. Además, hay un grupo de diez voluntarias que concurre algunas tardes a ayudar, por ejemplo, en el doblado y embalaje de bolsas ecológicas para comercios.

La forma de fortalecer la permanencia de la asociación es haciéndose socio, participando de los eventos que organizan, con donaciones o brindando tiempo libre personal integrándose como voluntario.

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Accervil tiene su taller protegido en Olivos, provincia de Buenos Aires.

“Acá reciben cuidado, contención y afecto, y están ocupados”, concluye Sara, mientras observa como su hijo Martín y sus 39 compañeros siguen apostando a la integración y a lograr que la inclusión esté más cerca.