Cooperativa de Acompañantes de Usuarios de Paco (AUPA)


Brindan asistencia y alojamiento a jóvenes que consumen paco. El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos firmó con este centro un acuerdo de cooperación.



Brindan asistencia y alojamiento a jóvenes que consumen paco. El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos firmó con este centro un acuerdo de cooperación.

“En esta casa nos dedicamos a los chicos que han sido usuarios de paco, que se han complicado la vida por el paco y que tienen problemas con la Justicia”, explica Gustavo Barreiro, presidente de la Cooperativa de Acompañantes de Usuarios de Paco (AUPA), desde la Casa Libertad, una de las que forman parte del proyecto.

La cooperativa nació como complemento de la tarea de los centros barriales del Hogar de Cristo, que surgió en Barracas en 2008. Cada centro barrial es, define Barreiro, “un dispositivo de bajo umbral, que recibe a la gente como esté: chico, grande, mediano, sucio, limpio, empezando un proceso o atravesándolo por la mitad”.

El proyecto Casa Libertad cuenta con la asesoría de abogados que orientan legalmente a quienes tienen causas con la Justicia. Está ubicada en Martínez Castro 1170, y tiene espacio para albergar a 12 personas, aunque a menudo concurre un número superior de personas, buscando asesoría legal o permanecer allí mientras consiguen rearmar su vida, luego de haber cumplido una condena en la cárcel.

Casa Libertad procura ser un espacio para recibir, albergar, acompañar, capacitar e incluir paulatinamente en el tejido social a las personas que salen en libertad y no tienen un contexto favorable para reinsertarse y desarrollarse integralmente. Procuran que los usuarios sean acompañados en la organización de su vida una vez fuera del penal, lo que implica volver a establecer sus vínculos afectivos, ir incorporándose progresivamente al mercado laboral y, principalmente, ayudarlos a detectar todos aquellos recursos institucionales y legales que les permitan acceder de manera rápida y efectiva a sus derechos como ciudadanos.

“Esto busca generar un cambio muy grande en la vida de la persona, ya que apunta a fortalecerlo para estar en condiciones de salir de su situación de vulnerabilidad y romper con el estigma que sobre muchos de ellos pesa, como los ´peligrosos´ que viven en barrios de emergencia y atentan contra la ´seguridad´ de la sociedad”, dice Barreiro.

Una luz en la adversidad

Los centros barriales, las cooperativas y otros dispositivos del Hogar de Cristo de todo el país se han nucleado en la Federación Familia Grande Hogar de Cristo. El trabajo de la Cooperativa AUPA es en conjunto con otros dispositivos: Casa Masantonio, donde acompañan a usuarios de paco con enfermedades complejas; Casa Animí, para usuarias del colectivo de mujeres trans; y Casa Malvinas y la Granja Madre Teresa, que acompañan a familias que necesitan y deseen armar su proyecto de vida fuera de la ciudad.

Barreiro es misionero laico y en el ámbito de los distintos dispositivos se lo conoce como el sobrenombre de “El hermanito”.  Fue convocado a este proyecto social por el padre Pepe Di Paola, que oficiaba de párroco en la Villa 21-24.

Quienes se hospedan en Casa Libertad, todos jóvenes que han salido de prisión, realizan a cambio de su estadía allí diversas tareas: cocinan, limpian, hacen trámites, ayudan a compañeros que hayan salido de prisión y necesiten gestionar documentación, o en la búsqueda de un trabajo o acercamiento a un núcleo familiar al que se dejó de frecuentar debido al consumo de paco. También, en un espacio habilitado con máquinas, se dedican a llevar adelante un taller de vasos de vidrio, que producen con botellas de bebidas descartables.

Aquellos que son recibidos en la casa permanecen en ella por períodos cortos, dado que está pensado como un hogar de tránsito. “La idea es que estén lo menos posible, algunos necesitan estar un par de meses, y los bancamos, porque quizás no tienen una contención familiar. La idea es que el tiempo que están podamos ayudarlos a armar su proyecto. Que puedan enderezar sus vidas, que no le erren y no vuelvan a la cárcel. Darles herramientas para que no perezcan en el intento de no reincidir”, explica Barreiro.

AUPA se propone el acompañamiento integral de los consumidores de paco y sus familias supervisando el tratamiento en comunidades terapéuticas, institutos de menores, hospitales o cárceles. También los ayuda a poner en regla su documentación personal y a encaminar cualquier situación judicial que los afecte, promueve la formación y entrenamiento para el trabajo, los ayuda a conseguir empleo, les facilita alojamiento provisorio y fomenta el espíritu de solidaridad y de ayuda mutua entre los asociados.

“Brindamos asistencia a quienes no pueden pagar por los servicios que da la cooperativa y que además necesitan ayuda”, aclara. Las distintas casas han derivado en otras iniciativas, como las granjas donde se internan los jóvenes que, luego de iniciar un proceso de recuperación en los centros barriales, deciden abandonar por completo el consumo de la droga.

Con el acompañamiento del Estado

Toda la gente que trabaja en los distintos dispositivos, marca Barreiro, es gente “que lo hace de corazón, toda gente buena”, e interactúan con distintos ministerios -como el de Salud, Desarrollo Social, y de Justicia y Derechos Humanos- para poder llegar con la acción a aquellas instancias en las que el Estado no logra resolver la problemática del consumo de una droga altamente destructiva.

Con el Ministerio de Justicia hace poco firmaron un acuerdo de colaboración. Así, se establecerán acciones conjuntas y coordinadas para implementar actividades y proyectos orientados a promover la integración social de las personas privadas de la libertad, los liberados y sus familias.

El secretario de Justicia, Santiago Otamendi, visitó la cooperativa junto al subsecretario de Asuntos Penitenciarios y Relaciones con el Poder Judicial y la Comunidad  Académica, Juan Bautista Mahiques. “Es muy importante para el Ministerio apoyar y acompañar en esta instancia de reinserción y destacar el trabajo de los voluntarios que hacen posible que estas iniciativas se sostengan en el tiempo”, dijo Otamendi.

“Los chicos, lo que más necesitan, es una familia, porque es lo que han perdido, y ese calor de familia que brindamos es lo que salva, sumado obviamente a los aportes de los técnicos y especialistas”, dice Barreiro.  Este emprendimiento social busca no expulsar a nadie, sino potenciar la inclusión. Es una alternativa para mantener los vínculos humanos mientras se logran nuevas estrategias de recuperación, acordes con las particularidades de cada persona.