Asociación Civil La Barca


La organización brinda contención y apoyo escolar a chicos de barrios vulnerables que quieren culminar sus estudios secundarios.



Su nombre -La  Barca- los invita a subir y a transitar aguas complicadas, pero con la expectativa de que finalmente, después de muchas peripecias y contratiempos, los viajeros llegarán a buen puerto. Es una asociación sin fines de lucro que tiene por finalidad la de brindar apoyo escolar a un grupo de alrededor de 50 chicos y jóvenes de barrios vulnerables. Pero no se trata de cubrir solo la faz educativa, sino que además brindan contención emocional a quienes por diversos motivos no han concluido su formación secundaria y quieren cerrar ese ciclo.

“Empezamos como un grupo de jóvenes que teníamos encuentros en una parroquia, en Santa María Magdalena, en 1991, y siempre tuvimos ganas de hacer un proyecto de corte social, más allá de los retiros espirituales. En 2003, a partir de la aparición de un donante del monasterio benedictino de Los Toldos, que quería apoyar un proyecto social, armamos el proyecto educativo, que estamos llevando a cabo desde 2004. De ese grupo de jóvenes fundadores, en la actualidad quedamos sólo cinco”, explica Alejandra Pollak, coordinadora general de La Barca.

Las actividades comenzaron en el colegio Virgen del Carmen, de Olivos, con estudiantes de barrios carenciados de la zona. Más tarde, alquilaron las casas que configuran hoy las dos sedes con que cuenta la ONG.

La Barca da apoyo escolar en todas las materias secundarias. Pollak dice que “además del soporte en el estudio, nuestro objetivo es apoyar psicológica y emocionalmente a jóvenes en situación de vulnerabilidad, para que puedan terminar el secundario, para que vuelvan a insertarse en el circuito de la educación secundaria formal, y acompañarlos más allá de lo que es puntualmente el colegio, dándoles talleres artísticos, de lectura, todos aspectos que sirvan para su formación como personas”.

Los chicos pueden tomar clases de forma grupal o individual sobre cualquier materia. “Somos profesores multifunción, nos la arreglamos para ayudarlos con lo que necesiten”, cuenta Pollak.

Una noción de pertenencia

Pollak es trabajadora social y docente primaria, por lo que en ocasiones, además de su rol de coordinadora general, también se desempeña como profesora, en materias como Filosofía, Sociología y Psicología. Los alumnos, con edades que oscilan entre los 12  y 21 años, acuden diariamente, porque La Barca además provee un almuerzo y merienda.

Actualmente, la Barca tiene dos sedes: una en Munro y otra en Don Torcuato. A la sede de Munro acuden, en su mayoría, chicos y chicas que viven en el barrio La Loma: allí pueden ir a partir del mediodía, almorzar y permanecer estudiando hasta las 18. En Don Torcuato los alumnos son exclusivamente habitantes de la zona. Ahí la casa está abierta todos los días por la tarde, y tres días durante la mañana.

Sumando el número de concurrentes de ambas casas, alcanzan un total de 50 alumnos. Los docentes fijos son cinco. Cuentan además con una cocinera y con la colaboración de un grupo de voluntarios, que dictan los talleres que no forman parte de los contenidos curriculares tradicionales.

“Los cambios que vemos en los chicos es que, al concurrir todos los días, van desarrollando una noción de pertenencia al grupo, y apuntamos a cultivar valores  propios de la vida comunitaria: la solidaridad, el respeto por el otro, el cumplir horarios, acatar pautas o límites”, explica Pollak, y agrega: “Lo que tratamos de transmitirse son valores que sirven no sólo para estar en La Barca, sino que son para la vida en general”.

Un mundo solidario

Pollak no se confunde en el rol que les toca ejercer: “Nuestra función no es suplantar a la escuela, sino darles distintos tipos de herramientas para que puedan enfrentar distintos desafíos, por eso ahora tenemos como oferta un taller de lectura por placer, lo que hace que estén reaprendiendo a entrar en contacto con los libros, o desafíos matemáticos, es decir, actividades que ayuden a desarrollar el pensamiento”.

También incorporaron talleres de guitarra, de arte, de percusión, de juegos, que son dictados por los voluntarios. Entre los proyectos que tienen en vista, está la de incorporar un taller de cestería botánica. “Queremos que los chicos tengan una vasta gama de opciones, que aprendan que existen más cosas que estar todo el día usando el teléfono celular”, puntualiza Pollak.

El año pasado los chicos viajaron a Villa Gesell y permanecieron allí durante cuatro días. “El clima fue  de felicidad total, porque para la mayoría era la primera vez que estaban frente al mar”, cuenta Pollak.

Hasta la fecha 25 chicos terminaron sus estudios secundarios y varios de ellos aspiran a iniciar carreras universitarias o terciarias. La apuesta a futuro de La Barca es poder, merced a las donaciones de particulares que recibe, habilitar una tercera sede “Mientras no tengamos un mundo justo, tengamos un mundo solidario”, es uno de los slogans que postula La Barca, y desde su labor diaria, claramente hacen honor a esa consigna.