La Constitución porteña cumple sus primeras dos décadas

Cuando el 1 de octubre de 1996 a las seis de la mañana se terminó con la redacción de la Constitución porteña, Fernandez Meijide ordenó correr las cortinas para que entre la luz del nuevo día.

Se cantó el himno y después algunos tangos, “Sur, paredón y después” se escuchó esa madrugada. Días después, el 10, se juró a la Constitución en el teatro Colon. 
Próxima a cumplir sus jóvenes veinte años, la carta magna de la Ciudad tiene un recorrido que podría decirse que comienza a tomar forma el 30 de junio de 1996. Ese día fue la primera vez que los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires eligieron al primer  jefe y vicejefe de gobierno porteño, Fernando De La Rua y Enrique Olivera fue la fórmula ganadora con casi el 40% de los votos.  Aquel día también se eligieron sesenta convencionales constituyentes para que redacten la constitución.
 
Esa asamblea estatuyente comenzó a trabajar en julio de 1996. Dividida en cuatro bloques: Frepaso, Unión Cívica Radical, Partido Justicialista y Nueva Dirigencia, tras dos meses y medio de debate concluyó en la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Había que hacerlo de la nada”, dice Alicia Pierini, exconstituyente, en el documental “La Construcción de un Estado”, producido por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y el gobierno porteño.
 
“Me había propuesto dos cosas: terminar a tiempo (75 días) y devolver plata”, cuenta la presidenta de aquella constituyente Graciela Fernández Meijide. Una constitución de avanzada que  promueve la participación e introduce mecanismos como las audiencias públicas, las evaluaciones de impacto ambiental y los entes reguladores.
 

La Biblioteca Nacional fue el espacio físico donde se desarrolló la convencional y durante 75 días el trabajo se mezcló con la participación ciudadana de organizaciones que incluso llegaron a acampar frente a la biblioteca. Entre algunas de los grandes aportes se recuerda la eliminación de los edictos policiales porque eran violatorios de los derechos e inconstitucionales.

La Constitución porteña aseguró la educación laica y gratuita; y la incorporación de una serie de derechos innovadores tales como el rol de la igualdad. En el artículo 11 es claro en ese sentido al garantizar “el derecho a ser diferente, no admiténdose discriminaciones que tiendan a la segregación por razones o con pretexto de raza, etnia, género, orientación sexual, edad, religión, ideología, opinión, nacionalidad, caracteres físicos, condición psicofísica, social, económica o cualquier circunstancia que implique distinción, exclusión, restricción o menoscabo”.  
 
Veinte años después, el mismo lugar
 
La Biblioteca Nacional fue el escenario esta semana del evento donde se homenajeó aquella sanción de la constitución porteña.  El actual jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, sostuvo que se trata de una “de las más modernas y adelantadas del país. Es el hecho político más trascendental desde la vuelta a la democracia. Todos tenemos que estar muy orgullosos de ella” y bregó por “Seguir trabajando juntos en la construcción de una Ciudad verdaderamente autónoma”.
 
El defensor del Pueblo de la Ciudad, Alejandro Amor, por su parte, relató que “tomamos la decisión de conmemorar la sanción de la Constitución del ‘96 ya que representa el sueño de toda una generación. El desprendimiento y el consenso que caracterizaron a la Convención Constituyente son dos valores importantes que todos los argentinos tenemos que rescatar”.
 
“El desafío y la obligación de todos nosotros es trabajar para que la Ciudad sea reconocida como una provincia en igualdad de condiciones con las demás, y consolidar de forma definitiva todos los principios, derechos y garantías que enumera la Constitución”, concluyó.