Concepción Arenal, abogada y feminista

La abogada que dejó un legado como ‘visitadora de cárceles’

Para convertirse en profesional del derecho, a comienzos del siglo XIX, la española Concepción Arenal cursó la carrera vestida de varón, hasta que la descubrieron. Sentó precedentes en las luchas feministas modernas y el trato de las personas en conflicto con la ley: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Defender la bandera de la igualdad de género hoy es habitual, plausible, aceptado. Pero haberlo hecho 200 años atrás, disfrazada de hombre para poder estudiar derecho, es una rareza. La escritora y abogada española Concepción Arenal lo hizo, y marcó un camino, por lo que se la considera la base del feminismo español contemporáneo.

A pesar de haber quedado huérfana de padre a los 9 años y de haber recibido una educación religiosa en casa de su abuela paterna, Concepción, nacida el 31 de enero de 1820 en el barrio de Ferrol Vello (La Coruña), fue una muy productiva activista social, y tocó temas poco comunes para el  siglo XIX.

Denunció la situación de las cárceles de hombres y mujeres, abordó la problemática de la mendicidad y la miseria en las casas de salud y, principalmente, bregó por los derechos de sus congéneres, a través de escritos como “La educación de la mujer”, de 1892.

En él advierte: “Es un error grave y de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión única es la de esposa y madre. Lo primero que necesita la mujer es afirmar su personalidad, independientemente de su estado, y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tiene derechos que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie, un trabajo que realizar e idea de que es cosa seria, grave, la vida y que si se la toma como un juego, ella será indefectiblemente un juguete”.

Su padre fue un militar liberal, que se manifestó en contra del régimen absolutista de Fernando VII, lo que le valió haber sido encarcelado varias veces. Pese a su férrea educación religiosa, Concepción Arenal sostenía de pequeña que sería abogada, y a los 21 años, debió ataviarse como varón para poder participar como oyente en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid.

Se cortó el cabello, se puso levita, capa y sombrero de copa y acudió a varias clases, hasta que fue descubierta. Fue tal su convicción, que el rector, luego de tomarle un examen, la autorizó a asistir a clases en condiciones particulares: debía ser acompañada por un familiar hasta la puerta de la facultad, donde un bedel la acompañaba hasta un cuarto en el que permanecía, sola, hasta que el profesor pasaba a recogerla.

En el aula se sentaba en un lugar distante de los hombres, y cuando finalizaba la clase, el mismo docente la llevaba al cuarto, en el que esperaba hasta la clase siguiente. También se vistió de hombre para participar en tertulias políticas y literarias, lugares casi prohibidos para las mujeres de la época.

Su obra solidaria

Concepción se casó en 1848 con un par, abogado y escritor como ella: Fernando García Carrasco (que murió de tuberculosos 9 años más tarde). Y a pesar de haber quedado viuda y con dos hijos, no detuvo su marcha: fundó el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paúl para ayuda de los pobres. Para ellas escribió en 1860 “La beneficencia, la filantropía y la caridad”, trabajo que presentó en un concurso de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, bajo el nombre de su hijo Fernando, de 10 años, concurso que ganó).

En 1863 se convirtió también en la primera mujer visitadora de cárceles de mujeres, publicó “Cartas a los delincuentes”, “Oda a la esclavitud” (obra premiada por la Sociedad Abolicionista de Madrid), y “El reo, el pueblo y el verdugo o La ejecución de la pena de muerte”.

La doctora Arenal irrumpió en 1872 con otra idea revolucionaria: la construcción de casas baratas para obreros, que llevó adelante a través de la fundación de la Constructora Benéfica. También organizó la Cruz Roja del Socorro, para los heridos de las guerras carlistas.

Sus frases

Concepción Arenal falleció el 4 de febrero de 1893, en Vigo (Pontevedra) y no sólo dejó la piedra basal del feminismo contemporáneo. También dejó un sinnúmero de ideas, en sus textos, que abrieron los ojos de muchos:

-“Odia el delito y compadece al delincuente”

-“El clero en general es muy ignorante, no quiere a la mujer instruida, ya es mejor como auxiliar, mantenerla en la ignorancia”.

-“El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído”.

-“El amor vive más de lo que da que de lo que recibe”.

-“Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen”.