Isabel Galli, fundadora de DISFAM

“Es clave detectar la dislexia en edades tempranas”

A nivel mundial, hay tres chicos con dislexia por aula. La fundación Dislexia y Familia trabaja en la difusión y en la prevención de esta problemática del lenguaje para que su tratamiento sea efectivo.

El proyecto de ley que declara de “interés nacional” el abordaje de las Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA, entre las que se cuenta la dislexia) comienza su último tramo parlamentario esta tarde en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados. DISFAM Argentina (Dislexia y Familia) es una asociación sin fines de lucro formada por familias, pediatras, psicopedagogos, psiquiatras y fonoaudiólogos que se especializaron en la temática.

Una de sus fundadoras es Isabel Galli de Pampliega, asesora de padres con hijos que presentan dificultades en el desarrollo del lenguaje y/o aprendizaje. Formó la ong con el pediatra Gustavo Abichacra, actual presidente de la institución conformada por 5 mil familias. “La dislexia si no es atendida a edades tempranas compromete el futuro académico y la autoestima del niño”, destacó Galli, fonoaudióloga e integrante de la fundación nacida en 2013 en San Isidro, provincia de Buenos Aires.

¿Qué es la dilexia?

-Es una dificultad en el pasaje del lenguaje oral al lenguaje escrito. Limita la comunicación a través de la escritura aunque también se puede advertir en lo oral, hasta los 8 años.

-¿Cuáles son las causas?

-Es un desorden de base lingüística, de transmisión genética. Tiene una parte del medio -el contexto en el cual se mueve el chico- que lo puede ayudar o no. Nuestra función como profesionales es rescatar esa parte para poder favorecer el desenvolvimiento del chico en el aprendizaje. Es muy importante detectar la dislexia a edades tempranas, ya que el habla está relacionada con la lectoescritura y el desarrollo.

-¿Qué síntomas pueden ver los padres en los chicos?

Parte del equipo de DISFAM

-Hay muchos docentes que piden cuestionarios o formas de darse cuenta. Tratan de estandarizar las dificultades del aprendizaje pero el lenguaje tiene su complejidad. Todos somos distintos y venimos de medios diferentes, con padres que apoyan y que no, docentes que estimulan y otros que califican bajo. El tratamiento es individual y directamente con el chico para advertir qué actitud es la adecuada para que se sienta mejor. La realidad es que sufren, y hasta de depresión.

 

Galli tiene un hijo con dislexia, es integrante del Comité Científico de DISFAM y Embajadora Argentina de la Organización Iberoamericana de las Dificultades Especificas del Aprendizaje (OIDEA), con sede en España. Destaca que hay que explicar bien de qué se trata esta dificultad muy común entre los chicos: afecta entre el 5 y 10 por ciento de la población de acuerdo a distintas investigaciones en Estados Unidos y Europa.

 

-¿Cómo define el trabajo del equipo de DISFAM?

-Tratamos de influir mucho en los roles de los padres, del docente y también de los pares. Hay que fomentar la estimulación, a esa mamá que habla y sonríe, porque los chicos adquieren todo. Hay que incentivar aquella actividad que le pueda hacer bien. Siempre hay que resaltarla por sobre su dificultad. Hay que destacar sus cualidades: en el deporte o la música, así como contarles casos como el de Albert Einstein, que fueron genios y tenían dislexia.

“Hay que incentivar aquella actividad que le pueda hacer bien. Siempre hay que resaltarla por sobre su dificultad. Hay que destacar sus cualidades: en el deporte o la música, así como contarles casos como el de Albert Einstein, que fueron genios y tenían dislexia”

-¿En el día a día cómo se trabaja la problemática?

-Desde el jardín de infantes, los fonoaudiólogos trabajan con el habla, incrementando el vocabulario. La maestra es el modelo y buscamos aumentar su lenguaje involucrando a otros actores -como a la mamá- en hábitos de comunicación. En la escuela primaria, hay que amigarse con el docente porque cuando los chicos superan el tercer grado es más difícil tratar la lectoescritura. Lo estimulamos oralmente para que no tenga rabia con lo que le pasa. En la secundaria, lo importante es el progreso de los chicos, y que el docente pueda corregir los errores de ortografía pero no calificarlos duramente.