En busca de una protección para los jóvenes sin contención

Recientemente se aprobó la iniciativa de una fundación que plantea la ley de Egreso Asistido para los adolescentes que viven o vivieron en hogares de protección. Estipula el apoyo económico y de un referente que los acompañe en la transición.

La nueva ley dispone la creación de un Programa de Egreso Asistido para jóvenes y adolescentes sin cuidados parentales que incluye el acompañamiento desde los 13 años por parte de un referente, designado por el organismo de niñez.

En Argentina, alrededor de 15 mil chicos y chicas viven separados de sus familias y están privados de cuidados parentales. La mitad de ellos tiene entre 13 y 17 años y reside en instituciones de cuidado.  Desde la ONG Doncel, se impulsó el proyecto en el Congreso, se diferencia a la población de lugares “asistenciales” de la de los “penales”. La fundación trabaja con asistenciales donde las causas de ingreso son el maltrato, el abuso sexual, el abandono o la negligencia severa.

En un relevamiento realizado por Unicef, Flacso y la Asociación Civil Doncel, publicado a fines de 2015, esta problemática queda en evidencia. De allí se desprende que sólo la mitad de los egresados participó en la decisión de dejar el hogar en el que se encontraba, y que el 50 por ciento no recibió información sobre empleo y vivienda antes o después de egresar. Los jóvenes a su vez manifestaron que recién se sintieron listos para vivir solos a partir de los 20 o 21 años.

Los hogares de protección del Estado les garantizan cuestiones básicas como un techo, alimento, salud y educación. Según Unicef, hay 714 en todo el país. La ley trata de subsanar el vacío cuando los jóvenes llegan a la mayoría de edad y dejan de estar protegidos. A partir de ahí, ya no tienen garantizado techo, alimento, salud ni educación.

“Al cumplir los 18 años, estos jóvenes deben dejar la institución en la que viven, enfrentándose en soledad y de manera abrupta a un mundo cada vez más cambiante, competitivo y exigente”, resume el proyecto presentado por la diputada radical Ana Carla Carrizo que ahora es ley.

En línea con lo que plantea la Ley de Protección Integral de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes (26.061), la norma plantea que el Estado tenga el mismo nivel que les brinda el Código Civil y Comercial a los padres. Y la plantean como “la responsabilidad parental del Estado”.

En la iniciativa que aprobó el Congreso, se plantea la protección de jóvenes de 13 a 25 años. Pero a partir de 18 años que se les otorgue un “apoyo económico equiparado al 80 por ciento de un salario mínimo, vital y móvil” y que no sea incompatible con otra ayuda o subsidio que reciban como puede ser el Programa Argentina Trabaja, por ejemplo.

“La convención de derechos de niños establece que la autonomía progresiva es un derecho a crecer y a ganar los máximos niveles de autonomía según sus facultades. Esto es progresivo, es una transición de un hogar hacia el afuera porque hoy estos chicos no están acompañados por el Estado”, sintetizó el espíritu de la propuesta Mariana Incarnato, directora ejecutiva de la Asociación Civil Doncel.

Acompañarlos en el crecimiento

Los jóvenes que pasan por hogares asistenciales son personas que, explica Incarnato, vivieron “situaciones traumáticas en la infancia”, que crecieron en una “institución donde está vulnerado el derecho a la convivencia familiar” y que a los 18 años tienen que salir de un hogar “sin una red de contención” que lo acompañe en la vida. “Alguien con quien contar”, ejemplificó.

Cuando un adolescente se va de un hogar, no puede volver, y esta transición entre ser adolescente y comenzar una vida adulta “queda totalmente desamparada”. El Código Civil y Comercial (http://www.derechofacil.gob.ar/leysimple/responsabilidad-parental/)  dice que las responsabilidades alimentarias de los padres para con sus hijos son hasta los 21/25 años, y este proyecto busca “equipararlas” tomando como ícono a “referentes” calificados para ellos.

¿Quiénes son? Personas capacitadas por Doncel y otras entidades que participan del programa con una formación que tiene que generar empatía con los jóvenes, y brindarles un “acompañamiento emocional e integral”. Cada referente tiene no más de 10 chicos y la entidad genera sus espacios individuales y grupales. En estos, se desarrollan actividades y capacitaciones de participación ciudadana, planificación financiera, y demás talleres específicos como salud sexual reproductiva, por ejemplo.

En tanto, la iniciativa plantea un programa de “servicios para la autonomía”, como la ayuda para terminar de rendir exámenes finales en el secundario o de apoyo escolar, y una red laboral treinta empresas (pymes y grandes) en donde se trabaja por derivaciones. Según la demanda que reciben de ellas, buscan el perfil adecuado a través de una persona que hace la “intermediación laboral”. Se los acompaña a los adolescentes en los primeros tres meses de la inserción en el primer empleo.

Caso testigo

Desde Doncel, explicaron uno de los miles de casos de chicos que buscan mejorar su futuro tras ser abandonados en su infancia. Ella es Eliana, que egresó a los 18 años de un hogar de la provincia de Buenos Aires y forma parte del 90 por ciento de los chicos y chicas que se fue del hogar al cumplir la mayoría de edad sin ningún tipo de apoyo.

Ella abandonó los estudios, no tenía trabajo, ni lugar donde vivir. Y nadie la preparó para conseguir esto por sus propios medios y tampoco cuenta con una familia que la ayude y guíe a partir del egreso.

“No me fui, me sacaron de un día para el otro. Te sentís mal porque viviste ahí toda tu vida y que te saquen así, es feo. Estar en el hogar es como vivir en una burbuja. Imaginate que no sabía poner la tarjeta sube del colectivo. Afuera era todo nuevo para mí”, contó Eliana.

“Nadie me dio una mano. Todos me decepcionaron. Cuando estaba en el hogar las encargadas me ayudaban y cuando me fui nunca ni una llamada para ver cómo estaba o si tenía para comer”, se sinceró para dar paso a su costado más angustiante. Ante esta situación de egreso sin acompañamiento, Eliana terminó con serios problemas de adicciones de los que le llevó casi 2 años recuperarse.