Sergio Núñez , Bicicletería Comunitaria

“Me impulsó la certeza de que hay que hacer algo por los chicos”

Una familia tandilense emprendió un proyecto solidario que tiene como protagonistas a los agresores de su hijo. La reflexión con ellos y la oportunidad laboral en un taller de bicicletería ayudaron a sanar las heridas del bullying.

El comienzo de la historia tuvo un costado dramático, pero el resultado final demostró que una decisión atinada y de sensibilidad pueden poner en marcha cambios importantes: Sergio Núñez debió elegir un camino en un momento de fulminante angustia cuando su hijo Joaquín fue golpeado por un grupo de pares y terminó internado en un hospital con graves heridas.

Al primer impulso (que los agresores tuvieran una larga reclusión en la cárcel) Núñez le opuso una idea: pensó que sería más productivo y beneficioso para esos chicos enseñarles un oficio, brindándoles la oportunidad de un futuro lejos de la calle. Así, Núñez puso en marcha un taller de bicicletería comunitaria y otro de carpintería, que a los chicos en situaciones de vulnerabilidad social los hace trabajar y ganar algo de dinero con las reparaciones.

El proyecto lo concibió tanto para los que atacaron a su hijo -a los que se acercó para convencerlos de unirse- como para cualquier otro que quisiera sumarse.

Con la reticencia inicial de su mujer, Micaela, y de su hijo agredido, quien se ofendió por la idea al punto de abandonar la casa paterna, Núñez cree que “todos necesitamos oportunidades, y es mejor dárselas que condenarlos a la cárcel, ya que son muy jóvenes y tienen chances de cambiar su vida”, afirma.

La intuición de Sergio hizo recapacitar tanto a la madre como el hijo, quienes, finalmente, decidieron acompañarlo y ponerse al servicio de esa iniciativa reparadora. Los chicos no sólo van a los talleres para aprender oficios, sino que a veces se acercan a charlar y a contarles sus problemas y vivencias a Sergio y su compañera. “Es importante enseñarles un oficio, pero también contenerlos y escucharlos”, señala Núñez.

Tanto la bicicletería como la carpintería -dónde también fabrican de muebles- se han montado en el patio de su casa, en el barrio Villa Italia de Tandil. De lunes a viernes, los jóvenes -cuyas edades van de 12 a 17 años- llegan hasta allí a las cinco de la tarde, se ponen a trabajar en la reparación de los vehículos y en la fabricación de mesas, sillones y sillas, y no vuelven a sus casas hasta las 11 de la noche.

“Los cambios que vemos en los pibes son enormes: yo vivo a pasos de las vías del tren, y en la esquina de casa hay un puente, y antes los chicos se reunían ahí a tomar todo el día cerveza o a fumar marihuana, y eso no se ve más. Perdieron el hábito de estar en las calles hasta la madrugada, y ahora se acuestan temprano”, asegura el mentor de la iniciativa que trabaja en el gremio de la construcción.

Para llevar adelante los talleres, cuentan con la ayuda de vecinos que acercan bicicletas en desuso, y también distintos tipos de madera para las labores de carpintería. Lo que se recauda por los arreglos y ventas es repartido equitativamente entre los jóvenes. Pero integrar la cofradía de trabajadores cooperativistas demanda respetar algunas exigencias con las que se debe cumplir: por ejemplo, los chicos tienen que concurrir a la escuela, no pueden tener conflictos con la Ley y además no pueden ausentarse de los cursos de capacitación.

 

En la actualidad, el programa está integrado por 12 chicos, y empezó a funcionar en octubre de 2016. El aprendizaje ha sido financiado por la Secretaría de Protección Ciudadana de la Municipalidad de Tandil, que contrató durante dos meses a un profesional que instruyó a los aprendices en el arreglo de las bicicletas. Como también hay un taller de carpintería, se contrató al carpintero Lucas Brito que los preparó enseñándoles el uso específico de cada herramienta  y el ABC del oficio. Actualmente, es Núñez quien dirige y trabaja con el grupo y lo hace totalmente  ad honorem-En los próximos días, se agregará una nueva disciplina ya que los alumnos podrán formarse en la técnica de serigrafía y, en algún tiempo más, habrá taller de peluquería. Las ofertas de bicicletas restauradas y muebles están disponibles en la página del emprendimiento, en una red social.

Asimismo, Núñez integra la agrupación Víctimas por la Paz (VxP), impulsado por la Asociación Pensamiento Penal (APP), que aglutina a quienes han sufrido hechos de violencia de distinta magnitud, y abogan por la pacificación y la búsqueda de vías de convivencia e integración. De todos modos, aceptan que la Justicia debe actuar e imponer sanciones penales en proporción a los daños.

“Lo que me impulsó fue la sensación de que había que hacer algo por los chicos, ahora mismo, porque si nadie hace nada, el destino final de ellos, que viven en barrios conflictivos, es la delincuencia, y creo que con un pequeño aporte que uno haga, ya ayuda a cambiar las cosas” concluye el emprendedor solidario.