Bertrand Russell, premio Nobel de Literatura en 1950

Filosofía para la paz: el hombre que reinventó los mandamientos

Las ideas de avanzada, disruptivas, son aportes a la cultura, la sociedad y el pensamiento que perviven mucho después de la muerte de quienes las gestaron. Es el caso de Bertrand Russell, filósofo, matemático y escritor británico que vivió entre 1872 y 1970.

Reconocido como uno de los fundadores de la filosofía analítica y considerado una de las mentes más influyentes en el siglo XX su legado aún hoy puede ser considerado de vanguardia.

Russell, premio Nobel de Literatura en 1950, usó la ciencia, las matemáticas y la filosofía para pensar sobre los problemas humanos. Aunque fue criado por su abuela bajo una doctrina religiosa estricta y parámetros morales rígidos, se declaró agnóstico y escribió sobre el amor, el sexo, el matrimonio y la religión como ningún otro filósofo o pensador lo había hecho antes.

Su principal crítica era a la religión en general. Creía en la supremacía de la razón y pensaba que la teología conducía a la humanidad en direcciones infortunadas. “Cuanto más intensa ha sido la religión en un período cualquiera y más profundo ha sido el pensamiento dogmático, tanto mayor ha sido la crueldad”, fue una de sus denuncias más radicales. Atacó a la Iglesia Católica por su prohibición del control de natalidad, y también lo hizo con otras religiones.

Resultó un innovador en muchos campos. Sus ideas sobre educación fueron el pilar de fundaciones educativas en varios lugares del mundo. A un pensamiento esperanzador, le agregó la claridad de sus expresiones, y con eso, logró convencer a mucha gente de que otra forma de educar y otra visión de la vida eran el camino.

Russell se centraba en tres puntales: inteligencia, amor y valor: “El mundo que tenemos que buscar es un mundo en el cual el espíritu creador esté vivo, en el cual la vida sea una aventura llena de alegría y esperanza, basada más en el impulso de construir que en el deseo de guardar lo que poseamos y de apoderarnos de lo que poseen los demás -decía-. Tiene que ser un mundo en el cual el cariño pueda obrar libremente, el amor esté purgado del instinto de la dominación, la crueldad y la envidia hayan sido disipadas por la alegría y el desarrollo ilimitado de todos los instintos constructivos de vida que la llenen de delicias espirituales. Un mundo así es posible; espera solamente que los hombres quieran crearlo. Mientras tanto, el mundo en el cual nosotros vivimos tiene otras finalidades. Pero éste desaparecerá, consumido en el fuego de sus ardientes pasiones, y de sus cenizas surgirá un nuevo mundo más joven, preñado de una nueva esperanza y con la luz de la alborada bullendo en sus ojos”.

“Tiene que ser un mundo en el cual el cariño pueda obrar libremente, el amor esté purgado del instinto de la dominación, la crueldad y la envidia hayan sido disipadas por la alegría y el desarrollo ilimitado de todos los instintos constructivos de vida que la llenen de delicias espirituales. Un mundo así es posible”.

Militancia antibelicista

Y en 1953 organizó con Albert Einstein el Movimiento Pugwash, ante la amenaza inminente de una guerra nuclear. Se trataba de un manifiesto firmado por 11 científicos reconocidos, el 9 de julio de 1955, en el cual se alertaba sobre los peligros de la proliferación de armamento nuclear y se conminaba a los líderes mundiales a buscar soluciones pacíficas a sus conflictos.

El texto era de Russell, quien el 18 de agosto de 1945, menos de dos semanas después de los ataques nucleares de Estados Unidos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki -que dejaron al menos 100 mil civiles muertos-, publicó en el periódico Glasgow Forward su primer comentario sobre las armas atómicas.

“La perspectiva de la raza humana se ha oscurecido más allá de cualquier precedente. La humanidad se enfrenta a una clara alternativa: O bien morimos todos o bien adquirimos un ligero grado de sentido común. Un nuevo pensamiento político será necesario si se quiere evitar el desastre final”.

Más tarde, la creación del Comité de los 100, en favor de la resistencia no-violenta al armamentismo, lo llevó a la cárcel por segunda vez (la primera vez había sido en 1818 luego del estallido de la Primera Guerra Mundial, por mostrar públicamente su desacuerdo con la actividad bélica y apoyo a los objetores de conciencia). Esta actitud pacifista fue un sello durante toda su vida.

Se casó cuatro veces, escribió más de 70 libros, luchó por el voto de la mujer y por la fundación de una organización mundial que, aglutinando a todas las naciones, lograse poner fin a todas las guerras.

Los 10 mandamientos según Bertrand Russell

En 1951 Russell publicó en el New York Times Magazine un artículo con el título “La mejor respuesta al fanatismo: el liberalismo”, en el que hablaba sobre el liberalismo social. Aquel que defiende la libertad en las conductas privadas de los individuos y en sus relaciones sociales. Esta perspectiva fue resumida al final de ese artículo en un decálogo que Russell llamó “Los 10 mandamientos”: 

  1. No estés absolutamente seguro de nada.
  2. No creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terminan por salir a la luz.
  3. Nunca intentes oponerte al raciocino, pues seguramente lo conseguirás.
  4. Cuando encuentres oposición, aunque provenga de tu esposo o de tus hijos, trata de superarla por medio de la razón y no de la autoridad, pues una victoria que dependa de la autoridad es irreal e ilusoria.
  5. No respetes la autoridad de los demás, pues siempre se encuentran autoridades enfrentadas.
  6. No utilices la fuerza para suprimir las ideas que crees perniciosas, pues si lo haces, ellas te suprimirán a ti.
  7. No temas ser extravagante en tus ideas, pues todas las ideas ahora aceptadas fueron en su día extravagantes.
  8. Disfruta más con la discrepancia inteligente que con la conformidad pasiva, pues si valoras la inteligencia como debieras, aquélla significa un acuerdo más profundo que ésta.
  9. Muéstrate escrupuloso en la verdad, aunque la verdad sea incómoda, pues más incómoda es cuando tratas de ocultarla.
  10. No sientas envidia de la felicidad de los que viven en el paraíso de los necios, pues sólo un necio pensará que eso es la felicidad.