José Gil de Castro, pintor peruano

El artista que inmortalizó a los héroes de la independencia americana

Era hijo y nieto de esclavos. Se lo conoce como “el retratista sin rostro”, porque no hay imágenes de él. Sus pinturas de José de San Martín, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y Bernardo O’Higgins, entre otros, lo convirtieron en el pintor de la emancipación continental.

GIL DE CASTRO - SAN MARTINNació en Lima, Perú, y retrató a los principales héroes de la independencia americana. Sin embargo, se lo conoce como “el retratista sin rostro”. Es que no se conserva ningún autorretrato de José Gil de Castro, si es que alguna vez existió alguno. Puede que todavía se encuentre oculto debajo de otro retrato, como se descubrió en 2009 que había sucedido con uno de Fernando VII, ambos obra del Mulato José.

Producto de ese descubrimiento, la figura de Gil de Castro recobró protagonismo. Un grupo de curadores e historiadores del arte comenzó a recuperar su obra y a confeccionar algo que no existía: una biografía del hijo y nieto de esclavos que pintó a los Libertadores de América.

Según su acta bautismal, registrada en los archivos de la parroquia El Sagrario de Lima, fue hijo del “pardo libre” José Mariano Carvajal Castro y de María Leocadia Morales, una mulata que había conseguido su libertad poco tiempo antes de tener a José. Es decir, el pequeño nació libre y con el aura de legitimidad que le otorgaba el matrimonio de sus padres, pero la esclavitud era un estigma familiar. Y el mulato Gil abrazó una de las artes más prestigiosas para superar y sublimar sus orígenes, y lograr el reconocimiento social y profesional.

Gil de Castro vivió en su Lima natal y se formó en sus talleres (probablemente a cargo del maestro Pedro Díaz), para luego instalarse en Santiago de Chile. Sus retratos de San Martín, Bolívar, Sucre, O’Higgins, Las Heras, Rodríguez Peña, Necochea, Alvarez Thomas y Bouchard, entre muchos otros, lo convirtieron en el pintor de la emancipación continental.

Una iconografía épica

Olaya, por José Gil de Castro
José Olaya, su único retrato de un personaje popular

“Es uno de los artistas principales del período –dice el historiador Roberto Amigo–. Un peruano activo en Chile que luego sigue a los ejércitos patriotas. Pintó el mismo año a Fernando VII y a San Martín: hizo el tránsito desde la colonia a la representación de toda la iconografía de los héroes de la revolución y la segunda plana de oficiales”. La también historiadora del arte Laura Malosetti Costa reconoce que lo que ocurre con su figura en la perspectiva de los bicentenarios sudamericanos es significativo: “Para la Argentina no existe. Entre Chile y Perú, en cambio, hay como cierta disputa por ver de quién es el autor nacional”.

En Santiago de Chile, en los primeros años de la década de 1810, Gil de Castro se destacó por sus óleos con imágenes religiosas y retratos en la alta sociedad. Durante el período de la reconquista, entre fines de 1814 e inicios de 1817, había ganado preeminencia como el pintor de elección de las familias identificadas con la monarquía española.

Sus retratos de Fernando VII, de la aristocracia chilena y de algunos funcionarios realistas señalan, no tanto una posición personal, como la causa a la que debió servir en ese momento político.

Una nueva etapa

La victoria patriota en Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, abrió una nueva etapa en el proceso revolucionario de la región. Santiago de Chile se convirtió en un importante centro de confluencia de las fuerzas independentistas. Las tropas de José de San Martín se establecieron entonces en la capital chilena, al igual que los altos oficiales procedentes del Río de la Plata, un grupo significativo de corsarios y militares británicos y franceses, así como diplomáticos, comerciantes y políticos de distintos puntos.

El mismo año en que firmaba su último retrato de Fernando VII, Gil de Castro empezaba la gran serie de lienzos dedicados a San Martín, su círculo de oficiales y, poco después, a las figuras preeminentes del nuevo Estado independiente de Chile.

Simón Bolivar, por José Gil de Castro
Simón Bolivar, por José Gil de Castro

Una obra icónica de Gil de Castro, y que identificó a una exposición sobre sus trabajos más famosos, es el retrato José Silverio Olaya Balandra, su única pintura documentada que representa a una figura popular y uno de los pocos retratos significativos de un personaje indígena que se conservan de este período. Por su ambición, el lienzo sólo podría compararse con las grandes telas de cuerpo entero de presidentes y personajes públicos como O’Higgins y Bolívar.

A diferencia de ellos, el mensajero Olaya fue pintado después de muerto, como homenaje de la patria por su acción heroica y su martirio a manos de las fuerzas realistas, hecho que lo erigió rápidamente como un potente símbolo de la contribución del pueblo peruano a la causa de la Independencia.

No hay fecha precisa de la muerte de Gil de Castro. Para algunos, fue en 1837. Para otros, en 1841. Aunque todos coinciden que el retratista sin rostro falleció en la misma Lima en la que sus padres, esclavos recientemente liberados, lo habían traído al mundo.