La tarea cotidiana de preservar la memoria colectiva

“Todo está guardado en la memoria” se dice con frecuencia en relación a diversos hechos de la historia que no deben olvidarse. Sin embargo, la memoria es mucho más que el resultado de conexiones neuronales del cerebro.

Recordar el pasado es también construir el presente y esa tarea fundamental de una sociedad se refuerza y reafirma, entre otras herramientas y proyectos, con la construcción de un archivo documental.

Argentina cuenta desde 2003 con un Archivo Nacional de la Memoria, dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos. Está ubicado, y esto no es causal, en el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada donde funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura.

Buscar, investigar, clasificar, restaurar, digitalizar y conservar son las actividades cotidianas del Archivo aunque hay una función que es la principal: aportar a la construcción de la memoria histórica argentina.

“La idea es recuperar documentación que nos pertenece como sociedad, conservarla y difundirla para que todos tengamos acceso”, señala Sergio Kuchevasky, actual secretario Ejecutivo del Archivo, quien agrega que además de historia argentina, se están incluyendo nuevos contenidos con una mirada amplia de los Derechos Humanos como diversidad sexual, violencia de género y pueblos indígenas.

El organismo cuenta con diversos tipos de archivo, explica Corina Norro, coordinadora del área de Fondos Documentales: “Tenemos un archivo de documentación, uno audiovisual con unas mil horas de grabación, archivos fotográficos que suman más de dos mil fotografías, más las dos millones de la Asociación de Reporteros Gráficos. Es impresionante”.

Esa enorme cantidad de material no llega siempre en buen estado ya que son documentos que estuvieron en casas particulares durante años o en sótanos de dependencias estatales. “Participan equipos especializados de investigadores, archivistas, conservadores, antropólogos, sociólogos y arqueólogos que trabajan también en sitios de memoria”, cuenta Kuchevasky.

Pero el objetivo, explica el secretario Ejecutivo, no es que la información quede guardada y nunca más se abra: “Son pruebas fundamentales para los juicios y a su vez para la construcción de la memoria desde diferentes miradas”. Al respecto Corina Norro agrega un concepto clave: “El archivo no es un lugar de depósito. Es un archivo vivo que construye pasado y presente”.

En este sentido, además de estar siempre a disposición de la justicia, personal del Archivo brinda capacitaciones y asesoramiento en todo el país posibilitando la recuperación de los acervos documentales locales y el fortalecimiento de la mirada histórica.

Actualmente, también buscan promover la visita al predio de instituciones educativas, organizaciones de la sociedad civil y a quien le interese: “El acceso es muy fácil. Sólo hay que acreditarse y nosotros ayudamos a encontrar lo que se busca”, dice Norro mientras abre las puertas a la sala de humedad y temperatura controladas a diario donde se conserva el informe original de la CONADEP,.

Cada documento trae consigo información que dispara nuevas investigaciones. De ahí la importancia de que el público se acerque a colaborar con material propio que crea significativo. En palabras de Kuchevasky: “Todo el tiempo surgen nuevos testimonios, nuevos datos. Gente que se anima a hablar recién ahora. Para eso también estamos”.