Alicia Amende, voluntaria en talleres de nutrición

“El objetivo es que los chicos puedan comer platos nutritivos”

Provenir de una sociedad completamente diferente, llegar a la Argentina y de inmediato ponerse a trabajar de manera desinteresada para ayudar a quienes, a menudo, carecen de lo esencialn -como lo es una alimentación sana que garantice un buen desarrollo- es un ejemplo que invita a la emulación.

Esa actitud colaborativa es la que cultiva Alicia Amende, inglesa, de 27 años, licenciada en marketing pero alguien que está lejos de la ambición profesional de vender productos para beneficio propio, sino que cree que el compromiso con el prójimo es la mejor inversión a largo plazo que una persona puede hacer.

Bajo ese espíritu es que, habiendo desembarcado en Buenos Aires en 2013, Alice ideó talleres de nutrición y cocina para chicos de hogares con bajos recursos económicos, que tienen una duración de seis semanas.  Dictados en La Matanza, Lanús, Puerto Ruiz (Gualeguaychú) y Barracas, en este último barrio Amende montó un restaurante de comida vegetariana, al que bautizó “Delicias de Alicia”, que abre sus puertas cada quince días y ofrece un menú refinado; con lo recaudado, Alicia financia las clases -destinadas a niños de entre 8 y 12 años- y compra los alimentos que los chicos consumen durante el curso.

-¿Cuándo empieza tu interés por las actividades de corte solidario?

-Cuando llegué a la Argentina me inicié como voluntaria, porque traía ese objetivo en mente. Estudié marketing en Inglaterra, y simultáneamente me interesé mucho por el mundo de las ONGs. Mi madre ha sido toda la vida partera en hospitales públicos y desde muy chiquitita quise hacer cosas con personas en situación de necesidad. Fui primero a México, y pasé ocho meses viajando hasta llegar a la Argentina para tratar de ganar experiencia como voluntaria. Trabajé en Guatemala y también en Ecuador. El objetivo fue aprender español pero también tejer vínculos con gente que trabajara en el área social.

Así, Alicia se vinculó entonces a dos organizaciones: una de ellas es Education Technology Food (ETF), una entidad pequeña que conecta distintos proyectos para dar formación sobre comida, educación y tecnología de corte ecológico. Llegó a Buenos Aires y al poco tiempo contactó a ETF, y empezó como voluntaria en un taller semanal en la Matanza. “Lo primero que cocinamos fue pizza vegetariana”, cuenta, risueña. La idea era que en lugar de darle la comida a los chicos, les proporcionaran los ingredientes de cada plato, les enseñaran sus valores nutritivos, y por supuesto, la preparación de lo que iban a consumir.

-¿De qué manera adquiriste los conocimientos sobre nutrición que ahora enseñás?

-Siempre me interesé por la cocina, y aprendí con mi madre. Lo que sé sobre nutrición lo incorporé a través de mi propia experiencia laboral: durante los años de la universidad trabajé de moza en distintos restaurantes y así aprendí mucho sobre alimentos: cómo cocinarlos, qué valor calórico tienen, etc. En definitiva, incorporé herramientas y técnicas que luego me han permitido armar los talleres y formar a chicos para que el día de mañana puedan tener una vida saludable.

 

-¿Cómo surge “Delicias de Alicia”?

-Seis meses después de entrar al grupo de La Matanza, abrimos el restaurant, que es con lo que financiamos las clases. Lo que fuimos viendo es que los chicos estaban muy entusiasmados con la propuesta, lo que nos llevó a tener que encontrar un modo de financiar las actividades, y eso generó la idea de abrir un restaurante de comida vegetariana, bajo el régimen de “puertas cerradas”, para invitar a gente de la ciudad a comer algo muy saludable, difundir el proyecto de educación nutricional y, por supuesto, recaudar dinero par seguir funcionando. Contamos también con el apoyo de ITF, que nos cede el espacio para poder ofrecer las cenas y también los talleres.

-¿Cómo comprueban que las enseñanzas pueden llevarse a la práctica en los hogares?

-Uno de los objetivos es verificar si lo que enseñamos pueden aplicarlo las familias con carencias alimenticias. Por ejemplo, en La Matanza tratamos de observar qué cambios se producen, aunque es difícil saber qué comen cuando nosotros no estamos. Mi estrategia para medir el impacto de nuestra tarea es llegar y preguntarle a los chicos: “¿Qué quieren cocinar?”. Y allí mido las respuestas. Al principio, siempre contestan “milanesas”, o “papas fritas”, y más adelante, empiezan a acostumbrarse a hacer ensaladas de fruta, o te dicen “Ali, podemos hacer hamburguesas de lentejas”.  Así sabemos si los chicos tienen ya la información nutricional bien incorporada; mi meta es que el día que sean padres, o estén viviendo solos, puedan cocinar platos nutritivos y sanos.

Con la colaboración de dos ayudantes de cocina, y varios voluntarios que participan de los talleres, Alicia se traslada a las comunidades y arma las clases en los comedores del lugar. Aspira a dar un segundo nivel, en el que los chicos aprendan a cocinar platos más elaborados. Actualmente, está organizando nuevos talleres en la villa 21-24 de Barracas, y en un comedor de La Boca. La manera de contactar a la chef, ya sea para incorporarse a los talleres como para cenar en su local, es deliciasdealiciaAB@gmail.com

¿Cuáles son los contenidos centrales que dictás en los talleres?

-El curso incluye un libro que los chicos tienen que completar a lo largo de las seis semanas. Es una introducción a la comida sana. Tiene gráficos donde se muestra el ABC de la nutrición en relación a cantidades que se pueden comer y las comidas que conviene hacer todos los días, poniendo el foco en alimentos como frutas y verduras. Y, en cada encuentro, cocinamos algunos de los componentes de esos gráficos nutricionales.

-¿Y cuál es el objetivo que te trazaste con esta propuesta?

-El punto central es hacerles tomar conciencia de que deben incorporar más frutas y verduras –éstas deben representar la mitad de lo que comen a diario- y consumir menos azúcar, sal y harina. Y les demostramos que pueden hacerlo sin por eso resignar sabor, que cuidándose también se puede comer rico.  Y por supuesto, por las necesidades materiales que enfrentan, es importante que sean comidas económicas. Y la verdad es que ellos me devuelven un gran entusiasmo. Cada vez que cocinamos ves cómo se emocionan, y eso da aliento para seguir enseñando.