Educación inclusiva: el caso de Alan, recibido, pero sin título

Alan Rodríguez terminó la secundaria en 2013 en la misma escuela y con los amigos que lo acompañaron desde el Jardín. En su tiempo libre toca el cajón peruano, es instructor olímpico de arquería, practica tenis y ayuda en el negocio de su familia.

Además, acaba de concluir un curso de formación de empleo en la Universidad Católica Argentina.

A pesar todo esto, hay un obstáculo que le impide conseguir un trabajo o estudiar una carrera terciaria: el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires le niega el título secundario bajo el argumento de que, como estudió con una currícula adaptada por tener síndrome de down, “no acredita los contenidos mínimos”.Alan

Sin ningún tipo de aviso previo, tras la entrega de diplomas en la que Alan fue distinguido, la escuela le dijo a la familia que no podían entregarle el título secundario a quien con notas sobresalientes aprobó todas los exámenes y nunca se llevó materias, conforme al Proyecto Pedagógico Individual (PPI). “Su calificación más baja fue un seis en biología”, explica María Florencia Rodríguez, su mamá. “No, fue un 6,50”, corrige Alan.

La causa judicial

Ante la negativa del Instituto Jesús María de San Vicente de Paul y de la Dirección General de Educación de Gestión Privada (DGEP) a tramitar el título de Alan, la familia Rodríguez recurrió a los abogados de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y al Grupo Artículo 24 e inició una causa para reclamar por un derecho humano fundamental: el acceso a la educación.

“DGEP dijo que (Alan) no acredita los contenidos mínimos de la currícula general estandarizada por lo que hicimos el reclamo. Ya hay un fallo de primera instancia que nos dio la razón pero el Gobierno de la Ciudad apeló”, dice la abogada de ACIJ Mariela Galeazzi. Amparo y resolución

La jueza Romina Tesone, titular del juzgado 1 en lo Contencioso Administrativo y Tributario de CABA, no sólo ordenó que se le entregue y legalice el título, sino que además declaró la inconstitucionalidad de dos disposiciones de DGEP que no reparan o valoran la diferencia sino que -explica Galeazzi- pretenden que todos cumplan con una currícula estandarizada en mismo tiempo y forma. “El derecho humano a la educación no tiene que ver solamente con el acceso a los contenidos curriculares sino con construir ciudadanía y preparar a las personas para la vida en una sociedad más justa”.

Alan Rodriguez

 

“Mis amigos preguntan por qué no me lo dan y me dicen ‘qué bajón’. Yo les contesto: a luchar, a luchar”.

 

Esto, además, está sustentado en las convenciones internacionales de derechos humanos y en particular en la convención de los derechos de personas con discapacidad, que Argentina ratificó en 2008 y le dio en 2014 jerarquía constitucional.

“Si el derecho a la educación inclusiva parte de no hacer diferencias en el acceso y que los chicos compartan las mismas aulas y materias, al final el reconocimiento debe ser el mismo”, sostiene María Florencia como llamado a la reflexión.

La familia también recibió el apoyo del  Instituto Nacional contra la Discriminación, Xenofobia y el Racismo (INADI), organismo que emitió un dictamen donde consideró que “la conducta denunciada se encuadraría como discriminatoria”.

Con todo, el Ministerio de Educación llevó el caso a la Sala III de la Cámara de Apelaciones (jueces Hugo Zuleta, Esteban Centanaro y Gabriela Seijas). “Siguen sosteniendo que otorgar el título es un privilegio, argumento que demuestra el no registro de un dato básico, que es Alan y sus particularidades. El reconocimiento de derechos a grupos que fueron históricamente postergados no constituye un privilegio, sino un paso hacia la igualdad real, fundada en la dignidad humana”, comenta la letrada y explica la situación actual: “El fallo de primera instancia fue un gran logro, esperamos que la Cámara de Apelaciones adopte la misma decisión y que la cuestión se cierre allí, para que Alan no siga esperando”.Alan Rodriguez

La lucha

“Como familia es un aprendizaje. Nos tenemos que sentir muy fuertes para apoyar a Alan. Él quiere buscar trabajo y hacer lo que le gusta. Pero necesita el título. Estudió, aprobó, lo merece”, expresa María Florencia y mira a su hijo con orgullo pero también con preocupación. Son varios los disgustos que tres años de lucha le trajeron a la familia y a Alan especialmente, como malestares físicos.

Alan, con mamá Florencia, Guadalupe, la hermana menor y la abogada Mariela.
Alan, con mamá Florencia, Guadalupe, la hermana menor y la abogada Mariela.

En el proceso, mucha gente se acercó para brindar apoyo y hasta lo reconocen en la calle desde que el tema tomó estado público. “Abogados, familia, amigos, padres de la escuela, funcionarios. Hay mucho acompañamiento y nos quieren ayudar. Eso es muy lindo”, rescata Rodríguez.

 

 

“Alan nunca fue discriminado. Sin embargo, hace tres años que lo sentimos. Queremos ser felices, tener día a día logros como todas las familias, y dejar de chocar contra una pared que no entiende la realidad y discrimina”, concluye.

Alan no bajó los brazos sino que se Alanyfamiliamantiene activo y con esperanza. Tiene novia, practica deportes, hace cursos y el próximo año quiere estudiar canto. Pero su sueño -dice- es obtener el título. Espera poder anotarse en alguna carrera en la Facultad y necesita su título Secundario Oficial para poder lograrlo.