Marisa Giráldez, directora general del Banco de Alimentos

“Proveer alimento es colaborar con el desarrollo de los chicos”

El Banco de Alimentos Buenos Aires combina dos problemáticas que parecen opuestas: La disposición final de los alimentos de las grandes cadenas cuando no se comercializan y el hambre en las barriadas más vulnerables. Empresas y ONG “cuentan con nosotros”, destacaron.

El derecho a acceder a la alimentación, a no sufrir hambre, debería ser un derecho inalienable. Pero lo cierto es que hay necesidades alimentarias básicas insatisfechas en todo el mundo, y es sobre esa falta de comida que opera el Banco de Alimentos Buenos Aires, emplazado en la localidad de San Martín. Un amplio predio con perfil de ex fábrica que ahora se ocupa de acopiar y distribuir sobrantes no comercializados de producción que, por estar en buenas condiciones, pueden ser desayuno, almuerzo o cena de alguien más.

Se trata de una institución que se puso en marcha en abril de 2001, con la primera entrega de alimentos hecha en conjunto con Cáritas, en aquel contexto social dramático. Pero la idea se gestó unos años antes, mediante la iniciativa de un grupo de seis matrimonios amigos y un sacerdote local.

Estaban “preocupados por la nutrición, por el hambre que en aquel entonces había en el país”, dice Marisa Giráldez, directora general del Banco e ingeniera industrial. “Frente a la gente que queda afuera del sistema, sin acceso a los alimentos, se empezó a gestar esta propuesta. El mecanismo consiste en aprovechar los suministros que “sabemos positivamente que se tiran aun estando en perfectas condiciones”.

El mecanismo consiste en aprovechar los suministros que “sabemos positivamente que se tiran aun estando en perfectas condiciones”.

El Banco de Alimentos tiene su inspiración en la organización estadounidense homónima, que asesoró y proveyó herramientas de soporte a los emprendedores argentinos. “Empezamos desde cero, buscando un lugar donde recepcionar mercaderías, contactamos a los donantes y luego canalizamos la ayuda hacia aquellos que lo necesitan”, explica Giráldez.

En 2016, cumplieron 15 años años de trabajo. En el primero de ellos, se gestionaron 2000 kilos de donaciones, mientras que en 2015 la cifra alcanzó las 4200 toneladas. Este incremento formidable es derivado del fortalecimiento del vínculo del Banco con la comunidad. El slogan que representa al Banco es “recibir para dar”.

El Banco entrega las mercaderías a las instituciones que dan alimentos en el lugar, ya sean centros comunitarios, hogares de menores judicializados, centros que trabajan con adolescentes en situación de riesgo, merenderos, escuelas o instituciones que ayudan a adultos en situación de calle, llegando a combatir el hambre a alrededor de 100 mil personas de la ciudad de Buenos Aires y 30 partidos del conurbano bonaerense.

Trabajo en red

Para poder llegar a todos aquellos que sufren carencias alimentarias, existe una red que conecta al banco con más de 700 instituciones. En términos estrictamente estadísticos, se estima que el 80 por ciento de quienes reciben la ayuda son niños y adolescentes. Por eso mismo, es que Giráldez sostiene: “Colaboramos con el desarrollo, porque trabajar con los chicos y procurarles una buena alimentación se direcciona a que en el futuro, gracias a un mejor desempeño escolar, puedan tener un trabajo digno, y sean capaces de proveerse su propio alimento, que es el objetivo al que apuntamos”.

La mayor parte de la recolección de donaciones proviene de empresas de alimentos de primera línea, algunos productores agropecuarios, mercados de frutas y verduras y supermercados. Unos 130 aportantes, en suma.

También reciben colaboración de servicios logísticos y pecuniarias, las que se invierten en la compra de leche porque “es lo que menos se consigue de los donantes y es un producto que cubre la mayor parte de las necesidades de nutrición que puede tener un niño”.

“No podemos garantizar que todos los meses entregaremos los mismos alimentos, porque depende de qué recibimos. Hay, sin embargo, un cupo con el que siempre contamos: fideos, aceite, lácteos, frutas y verduras, éstas últimas con una periodicidad de una vez por semana”, aclara la directora. También, entregan pañales y productos de limpieza.

En números, el Banco cuenta con un staff permanente de 35 personas y un plantel de voluntarios que supera los 6000. Forma parte de la Red Argentina de Bancos de Alimentos, que nuclea a 16 entidades.

En números, el Banco cuenta con un staff permanente de 35 personas y un plantel de voluntarios que supera los 6000. Forma parte de la Red Argentina de Bancos de Alimentos, que nuclea a 16 entidades.

En el vasto galpón de 1800 metros cuadrados, con sus altas estanterías metálicas, los voluntarios ordenan, clasifican, revisan y embalan los distintos productos. “Tratamos de que cada entrega esté marcada por la dignidad, que se vea que cuidamos la manera de presentar la ayuda”, sostiene Giráldez.

Además, ofrece talleres de nutrición y prácticas bromatológicamente correctas. A modo de balance de tres lustros de solidaridad, Giráldez destacó que “hoy, el hambre y el desperdicio de los alimentos están en agenda. Las empresas se animaron a confiar en los bancos, y los ven como un canal efectivo y, lo más importante, es que las instituciones cuentan con nosotros”. Y resume: No somos la solución al problema del hambre, sino un complemento, pero la gente sabe que cada día estamos ahí para ayudar”.