Michael Figi, entrenador de béisbol infantil

“Los chicos de Las Águilas son luz en la oscuridad”

Quince años tiene el sueño de Michael Figi que crece detrás del Hospital Posadas en el barrio Carlos Gardel. Es entrenador de Las Águilas Béisbol, difunde valores a los más chicos y se aleja cada vez más de la vida que dejó para siempre.

Este economista estadounidense asegura que fue un llamado de Dios el que lo impulsó a dejar su comercio y su familia en Wisconsin, porque “tenía una vida muy cómoda”, para venir a un país del que no tenía ninguna referencia.

El destino lo cruzó en Palomar, donde encontró muchos chicos que necesitaban un “amigo” y él les enseñó los valores del “trabajo en equipo, del respeto al otro y de la disciplina” a través de su deporte: el béisbol.

Ya no tiene dudas. Éste es su lugar en el mundo.

Pisó Argentina en 2001 y creó una fundación para darle de comer a niños. Pero no le alcanzaba. Su obra tenía que expandirse. “Le dije a Dios que me pida algo más, y como suelo mirar partidos de las grandes ligas de béisbol en la televisión, se me ocurrió darle vida a Las Águilas en marzo de 2009”, explica Fiji.

Ahora compiten con tres categorías (Infantiles, Pre-Juniors y Juniors) en la Liga Metropolitana de Béisbol. Entrenan tres veces por semana, y los sábados juegan el torneo en el Polideportivo de Morón. Los chicos no sólo disfrutan de jugar un deporte diferente sino que también reciben consejos y enseñanzas para guiarlos y “fortalecerlos en su vida en un barrio carenciado y problemas de inseguridad”, según admite Mike.

El nombre del equipo fue elegido por todos y viene de un versículo de Isaías en la Biblia que dice: “(…) los que confían en el Señor, volarán como águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán”. En el barrio, los identifican con la gorra con la letra “A”.

Fotos: Patrick Haar

Los jóvenes que acuden tienen entre 9 y 17 años para estar “alejados de la delincuencia” y se juntan a jugar y divertirse. Figi cree que “es muy importante la influencia positiva para que estén con nosotros y no en la calle”.

Los chicos “deben mantener buenas calificaciones y asistir a la escuela”. Si no lo hacen, son suspendidos por un tiempo.

El sueño original de Mike avanzó y se expandió. Cientos de chicos que pasaron por su equipo vuelven para ayudarlo. Ahora tienen un “club” en un galpón en el fondo de la casa en Marconi al 2700 que  es un centro de actividades donde practicar ping-pong, metegol, básquet, dardos, y hasta hay siete máquinas con internet.

Los domingos toman la merienda todos juntos.  Ese es el momento donde se aprovecha para charlar con ellos sobre la “importancia de tener metas  o sueños en sus vidas y como se los puede lograr;  de completar sus estudios; y de evitar las influencias de la calle para tener éxito en su vida”.

Hoy sueña con que su proyecto se replique en muchos lugares y promociona el Programa de Padrinazgo para que cada chico sin un padre pueda tener durante un año, como mínimo, un amigo confiable y fiel que lo escuche, apoye y guíe. “Papá Mike”, como algunos lo llaman, evaluó que el 70 % de los chicos que lo visitan no tiene una figura paterna. Por eso, repite: “las Águilas son luz en medio de la oscuridad”.

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