En la sede de la OEI

Desafíos del lenguaje claro: segunda jornada internacional

El eje de las jornadas fue, precisamente, la incorporación del lenguaje claro en los tres poderes del Estado nacional y de qué manera hacer accesibles los servicios al ciudadano.

Se realizó esta semana la Segunda Jornada internacional de Lenguaje Claro: “Desafíos para consolidar un Estado al servicio de los ciudadanos”, en la sede de la oficina argentina de la Organización de Estados Iberoamericanos. El secretario de Justicia de la Nación, Santiago Otamendi, en la apertura de la jornada, recordó sus momentos como juez para dar cuenta de la importancia de la “incursión de lo oral donde, por ejemplo, hay que explicarle a una persona por qué quedará presa”. Y destacó la necesidad de “hablar claro y comprenderse” en el sistema de justicia.

Silvia Iacopetti, directora del Sistema Argentino de Información Jurídica (SAIJ) del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, explicó que el lenguaje claro “es una técnica que permite adaptar el lenguaje jurídico, en este caso, al lenguaje común, para que puede ser entendido por todos, despojándolo de las dificultades que tiene un lenguaje técnico”.

“Mendoza es la primera provincia que tiene un Código Procesal Civil y Comercial pensado en torno a la oralidad”, agregó el presidente de la Corte de Justicia mendocina, Jorge Nanclares. Destacó también la necesidad de “entenderse de una manera clara”.

El eje de la jornada fue, precisamente, la incorporación del lenguaje claro en los tres poderes del Estado nacional. En este contexto, Pablo Clusellas, secretario Legal y Técnico de la Nación, disertó sobre la incorporación en la administración pública nacional y la simplificación de trámites administrativos.

“El lenguaje claro se encuentra integrado a un concepto más amplio, el de simplificar, que es resaltar lo más importante”, dijo Clusellas y recordó que a través de una serie de decretos el gobierno intenta “hacer accesibles los servicios al ciudadano”. También recalcó que “para el mundo del Derecho el lenguaje claro es un imperativo ético” y como, probablemente, “la inteligencia artificial permita en un futuro la traducción del lenguaje complejo a uno claro”, finalizó el secretario.

“No sólo es un imperativo moral” agrego el secretario parlamentario del Senado de la Nación Juan Tunessi quien destacó que el lenguaje claro “es necesario en el ámbito parlamentario”. “Escribimos poesía en lugar de leyes”, bromeó recordando lo que le ocurrió al ir a un centro de jubilados con la Ley de Reparación Historica. “Un hombre se acercó y me pidió que le explique la ley porque no la entendía nada”, dijo.

Red Argentina de Lenguaje Claro

Durante la jornada se presentó el consejo directivo de la Red Argentina de Lenguaje Claro (RALC), integrado por Silvia Iacopetti, directora del SAIJ, Fernando Rocca, director general de Programas de Investigación y Capacitación del Senado, Dante Herrera Bravo, subsecretario de Asuntos Legales de la Secretaria de Legal y Técnica de la Nación.

“Tenemos que pensar en desarrollar una red de redes donde cada provincia tenga la posibilidad de desarrollar lenguaje claro”, sostuvo Rocca, quien detalló el trabajo que tiene por delante la entidad. Y se aventuró en pensar en una organización latinoamericana. En este sentido, dos países del continente presentaron el trabajo de sus redes de lenguaje claro, Colombia y Chile.

“El lenguaje es la cara visible con la que se enfrenta el ciudadano”, dijo Claudia Poblete Olmedo sobre la Red de Lenguaje Claro de Chile. En la misma línea, Betsy Perafán, de Colombia, explicó que “el lenguaje claro nos ayuda a acercarnos al ciudadano”.

“Es muy necesario tener una fuerza institucional que incluya a los poderes”, agregó, también de Colombia, Germán Arenas Arias. El especialista destacó también la importancia de “hacerlo a nivel territorial” y “llegar a las provincias”.

Palabras más o menos

La variación de mesas y paneles de la jornada incluyo reflexiones, rendiciones de cuentas, proyectos de incorporación del lenguaje claro y experiencias. Una de ellas fue la de Pedro Mairal, que, además de ser escritor, durante once años enseñó redacción jurídica en diversos estudios jurídicos.

“A mayor abundamiento” se llamó su exposición, para dar cuenta de la utilización innecesaria en el lenguaje jurídico de ciertas palabras y términos de difícil comprensión.

“Que el lenguaje sea una herramienta que usas”, explicó ante los presentes y terminó su charla leyendo una supuesta carta de amor que le escribió un abogado a una abogada que terminaba: “Conforme haya acuerdo le adjunto mi corazón”.