“El abuso contra un niño es un ataque a la infancia”

Con el relanzamiento de una campaña audiovisual en medios de comunicación, el Programa las Víctimas contra las Violencias se suma a la jornada de visibilización de una problemática que afecta a los menores en todo el mundo, el próximo 19 de noviembre.

El 19 de noviembre de 2016 se conmemoró el Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual contra niñas, niños y adolescentes, una fecha pensada para informar y tomar conciencia sobre una problemática mundial que, en particular en Argentina, tiene a uno de cada trece niños y una de cada cinco niñas como víctimas antes de los 18 años.

La fecha fue elegida entonces porque precedió al Día de los Derechos de los Niños y Niñas, que cada 20 de noviembre funciona como promotor de la divulgación del impacto de los abusos en perjuicio de la infancia.

Con datos tan preocupantes, queda claro que el tema debe seguirse de cerca todos los días. Sin embargo, según María Soledad Dawson, integrante del Programa Víctimas contra la Violencia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, tener un día mundial contra el abuso “es un día para dedicarle especial atención a la problemática, y difundir la lucha para que los que no están tan relacionados con la temática o piensan que sólo a ellos les pasó, sepan que es un problema de salud pública que debe ser visibilizado”.

Para contribuir con la difusión del tema, a través del Programa perteneciente a la Subsecretaría de Acceso a la Justicia, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos relanza la una campaña en los medios de comunicación con piezas audiovisuales con información acerca del abuso contra los niños y un llamado a la toma de conciencia.

Los videos que conforman  “Hablar es empezar a prevenir” también presentan las vías para comunicarse con los profesionales del Ministerio para acompañar y asesorar a las víctimas y su entorno ante un caso de abuso. “Recibimos pedidos telefónicos de ayuda y acompañamos a quien la solicita durante todo el proceso en el aspecto psicológico y en el acceso a la justicia, si el caso no está judicializado”, explicó Dawson, quien trabaja coordinando los equipos móviles de atención a víctimas de violencia sexual y familiar del Programa Víctimas contra la Violencia.

“Cualquier intervención telefónica es un acto que puede devenir terapéutico porque hay alguien que escucha, alguien que le da lugar a la problemática. Para nosotros es de suma importancia porque es la vía de acceso a acompañar a alguien, de lo que puede resultar un cambio para su vida”.

Los profesionales del Programa también participan de espacios de capacitación como en la Escuela de Policía y escuelas de enseñanza Normal, además de encuentros con organizaciones de la sociedad civil en los que se intenta dar visibilidad a la problemática y alertar a la población.

Al respecto, la profesional sostuvo que “todos tenemos en parte la posibilidad de transformar estas realidades como ciudadanos responsables de la niñez que estamos produciendo como sociedad”.

Y alertó: “El abuso contra los niños es un ataque a la infancia” y como tal, todos debemos colaborar para su prevención y detección.

Como lo establece el artículo 19 de La Convención de los Derechos del Niño, “es obligación de los Estados parte proteger a los niños de todas las formas de violencia y maltrato, que hayan hecho padres, madres o cualquier otra persona dedicada a su cuidado”.

Estar alerta

Estadísticamente, contó Dawson, de la totalidad de los casos que recibe el Programa del Ministerio, se investiga y comienza un proceso de judicialización un setenta y cinco por ciento. De ese número, sólo un diez por ciento llega a una instancia final de juicio oral contra el abusador y sólo uno de esos casos recibe una sentencia.

Por eso, “se da un desafío importante por delante teniendo en cuenta que las denuncias que se reciben son la punta del iceberg que crece siete veces más para abajo. Así, de mil doscientos acompañamientos presenciales que hacemos en la Ciudad de Buenos Aires, hay siete mil que desconocemos”.

Una de las acciones más importantes para detectar un caso de abuso contra niños y adolescentes es escuchar. “Es muy difícil detectarlo ya que se presenta un conjunto de situaciones y en general hay un vínculo cercano entre la víctima y el abusador”, apuntó María Soledad. Por eso, la temprana percepción de los indicios surgen de oír y prestar atención a los cambios de comportamiento.

En el caso de los más chicos, la evidencia se encuentra en los trastornos del sueño, angustias, cambios en la disponibilidad para el aprendizaje, dolores, dificultad en el control de esfínteres, y comportamientos como la hiperactividad o, según el caso, la depresión. Además, las víctimas comienzan a presentar conductas evasivas de las personas abusadoras y de sentirse lejos y seguros, pueden llegar a contar lo que está ocurriendo.

En la adolescencia, en cambio, las pistas aparecen con conductas más disruptivas como cortes autoprovocados, consumo de sustancias psicoactivas y sobre todo trastornos en la conducta alimentaria.

La línea nacional de atención gratuita es 0800 222 1717, mientras que los llamados desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se reciben en la línea 137.