Daniel Alejandro Salcedo, Licenciado en Criminalística

“Focalicé toda mi carrera en la búsqueda de la verdad”

Incluso vestido con un tradicional traje negro pero sin sombrero, es una suerte de Philip Marlowe que lleva adelante la tarea de buscar la verdad de los hechos y procura, en definitiva, hacer justicia.

“El concepto de justicia lo asocio al bien común, y aunque hay varias definiciones desde el Derecho, como el darle a cada uno lo que le corresponde, lo pienso en un contexto de comunidad, de bien general”, reflexiona Daniel Alejandro Salcedo, quien durante 33 años se desempeñó como policía bonaerense, hasta alcanzar la jefatura.

“Creo que la reparación obligatoria que tiene que tener el Estado en los crímenes es fundamental: yo focalicé mi carrera en la búsqueda de la verdad”, asegura.

“Hay casos en los que uno sabe quién fue el autor del crimen y no lo puede probar. Eso es frustrante, pero no es por la pericia del asesino sino por errores que cometés en la investigación, porque no hay crimen perfecto”, confiesa este hombre de hablar tranquilo que, en 1983, a los 25 años, se recibió de Licenciado en Criminalística en la Universidad de Buenos Aires.

Hijo y nieto de integrantes de Gendarmería Nacional, Salcedo reconoce que su vocación por la criminalística tiene que ver con un deseo de la niñez: ser detective. Por eso, ingresó en la Policía y se dedicó  a la investigación de homicidios. “Durante 12 años me aboqué a resolver crímenes, con muy buenos resultados”, admite, sin falsa modestia.

En su vínculo con la Justicia, asegura que “el sistema es perfectible, en muchos aspectos, y uno es la celeridad: una justicia muy dilatada deja de ser justicia, más allá de que los tiempos procesales no son los de las familias de las víctimas”.

Entre 2002 y 2007, Salcedo fue Superintendente de Policía Científica de la provincia de Buenos Aires y hasta  2009 fue jefe. Desde ese momento, se desempeña como profesor de posgrado en la especialización de Derecho Penal en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad del Salvador. Creó el Instituto Argentino de Criminalística, que cuenta con el aval de la Cátedra de Medicina Legal de la UBA, en el que se brindan cursos para el personal del Poder Judicial sobre perfiles criminales, investigación de homicidios, escena del crimen y dos diplomaturas de posgrado en Ciencias Forenses y Criminología.  También, en estos días, oficia como perito de parte de la familia del fiscal Alberto Nisman, en la causa que intenta dilucidar qué pasó realmente en las Torres Le Parc en enero de 2015.

Como criminólogo, su función es la de descifrar, mediante métodos deductivos e inflexibles protocolos, cómo fue el desarrollo de los hechos delictivos, y procurar encontrar al o los responsables. O, dicho de una forma más gráfica, en las propias palabras de Salcedo: “Siendo yo un oficial de policía muy joven, Raffo fue mi profesor: él nos dijo que cuando entrábamos al lugar de un hecho, era como entrar en una pirámide de Egipto. Decía:´Van a ver figuras de perfil, jeroglíficos. Se van a sacar fotos. Pero entra un egiptólogo y va a decir: Este faraón se casó a los 15 años. Fue a la guerra. Perdió un hijo por una peste. Les va a contar todo lo que hizo, porque está en las paredes. Eso es lo que tienen que aprender a hacer: leer las paredes, el ambiente en general, las evidencias objetivas: el cuerpo, la sangre, todo lo que es un indicio, que luego es una evidencia y que luego se eleva al rango de prueba jurídica”.

Reconoce que la justificación de su trabajo pasa por, como sucedió en un doble crimen, que “los familiares, a la salida del juicio donde se condenó a los culpables, te abracen llorando y te digan gracias”.

Padre de cuatro hijos que, pese a ser mayores y autónomos, siguen veraneando con él, Salcedo cultiva el gusto por la navegación en velero. Restauró uno del año 1959, y sale a navegar con amigos, además de su gusto por la bicicleta y de su afán trabajador, ya que tiene una empresa que se dedica a la logística de equipamiento de seguridad y, asimismo, la oficina donde ejerce su rol de perito de parte en distintos casos judiciales.

Consciente del peso institucional de su labor, cree que “hay un principio de justicia que es que no se puede meter preso a cualquiera para calmar a la opinión pública”. Y concluye, taxativo: “No se puede tener una agenda mediática en la investigación de un hecho criminal, porque si cedés a las presiones y apresás a quien no es, por un lado dañás a un inocente, y por el otro estimulás al asesino a seguir matando porque salió impune”.