Agustina Besada, directora de Sure We Can

Una argentina dirige a cerca de 500 recicladores en Nueva York

Agustina Besada se formó en Gestión de Sustentabilidad. A poco de concluir su carrera, la convocaron para dirigir Sure We Can, un proyecto que ofrece una retribución económica a personas en situación vulnerable que se empleen como recicladores en Nueva York.

En una megalópolis como Nueva York, signada por el hiperconsumo y los inevitables desperdicios que éste genera, la argentina Agustina Besada decidió ponerse al frente de una cruzada contra la contaminación ambiental, y asumió como directora ejecutiva del proyecto Sure We Can, un emprendimiento que aglutina y da trabajo a desocupados, habitantes con problemas legales de residencia y personas en situación de calle que recogen y reciclan envases de plástico, vidrio y latas, en Brooklyn.

“En Sure We Can recibimos más de 10 millones de unidades de latas y botellas por año. Eso equivale a un promedio de 35 mil unidades por día. Todos estos materiales son recuperados a pie por recolectores urbanos (llamados canners, palabra derivada del término inglés can -lata-)”, detalla Besada. El total estimado de latas y botellas producidas diariamente en la ciudad de Nueva York es de 1.8 millones.

La organización sin fines de lucro procura aliviar las dificultades que sufren los recolectores, y su principal objetivo es sponsorear y coordinar el desarrollo de sistemas de beneficio mutuo entre la ciudad y las organizaciones ambientalistas. Promueve la inclusión social, la conciencia ambiental y el empoderamiento económico de los sectores marginales.

El mecanismo del circuito de funcionamiento lo explicita la directora Besada, que se formó en Marketing Sustentable en la Universidad de Columbia. “En los Estados Unidos el reciclaje funciona dentro del marco de una ley de responsabilidad extendida al productor -revela-. En este caso el responsable es el distribuidor. Nosotros entregamos los materiales a los mismos distribuidores de bebidas que llevaron los productos al mercado”.

SWC 1Desde ese punto, el circuito ecológico se convierte en económico: “Ellos, a su vez, procesan los envases o los venden a empresas recicladoras de materiales. De esta manera se cierra el circuito de materiales, que en vez de terminar siendo residuos, vuelven al sistema productivo como recursos”.

La entidad fue fundada en 2007 por un personaje legendario a nivel local: el recolector Eugene Gadsden- bautizado “El rey de las latas”-, quien aunó esfuerzos con Ana Martínez de Luco, una monja española que decidió convertirse ella misma en homeless y canner, así como se sumó también el aporte de ciudadanos concientizados que buscaban apoyar a la activa comunidad newyorkina de rebuscadores de desechos.

“Uno de los problemas que enfrentan las grandes ciudades como Nueva York es que en la oferta de los productos hay un exceso de packaging: Compramos alimentos cuyos envoltorios plásticos se descartan en minutos, y eso genera una masa monstruosa que sólo sirve para la contaminación del medioambiente”, postula la referente argentina.

Besada dejó su puesto en el Centro  Deming de Excelencia en Operaciones de la Universidad de Columbia para asumir como directora ejecutiva de Sure We Can en julio de 2016. Una decisión que la enfrentó al trato cotidiano con las necesidades de los desprotegidos de ese país norteamericano. “Desde hacía dos años ya estaba involucrada en este proyecto, como miembra de la junta directiva. Buscábamos un reemplazo para el cargo de directora y fue en simultáneo que empecé a sentir la necesidad de poner en práctica mis estudios en sustentabilidad y operaciones”, afirmó.

Todo el tratamiento se realiza en el enorme predio emplazado en el 219 de la calle McKibbin, en Brooklyn.

Los números son importantes

SWC6A Sure We Can se acercan más de 500 recicladores: “Algunos de ellos vienen todos los días, y otros sólo una vez cada varios meses- detalló Besada-. Ellos se encargan de la tarea más difícil que es la de recuperar lo reciclable en las calles. Una vez acá, comienza el proceso de clasificación, que lo pueden hacer ellos mismos, por lo que se les paga extra, o hacerlo nuestro staff. Una vez que todo está clasificado y contabilizado, los materiales reciclados están listos para ser retirados por los distribuidores en sus camiones”, pormenorizó.

Pero la entidad no es una isla autónoma sino que en ella confluye la sinergia de varios participantes: los alumnos de las escuelas linderas, los restaurantes que ceden sus desechos, los vecinos que traen sus residuos, los voluntarios. “También tenemos una huerta y desarrollamos múltiples actividades educativas, artísticas y comunitarias”, señala la directora ejecutiva.

Una de las tareas es la elaboración de compost, resultado de la transformación de basura orgánica de restaurants y cafeterías, que se convierte en fertilizante. Todo el procedimiento se lleva a cabo manualmente. De esta manera, se desvían del vertedero unas 50 toneladas de desechos orgánicos.

SWC3Nueva York genera anualmente más de tres millones de toneladas de desechos. Sólo el 36 por ciento de esos residuos son de carácter reciclable. El 80 por ciento de los productos son usados sólo una vez y luego se descartan. Los recolectores reciben por cada unidad rescatada 5 centavos.

“Al mismo tiempo que recuperamos lo que para unos son descartes y para otro son recursos, revalorizamos y dignificamos el trabajo de los recuperadores urbanos y su rol en la sociedad”, opinó Besada.